Por |11 - Febrero - 2016|Categorías: Psicología-Coaching|Tags: , , , , , , , , , |0 comentarios

Las mujeres recibimos comentarios machistas en nuestra vida cotidiana; pueden venir de la pareja, un conocido, amigo...

Cuando una empieza el día con la noticia de la aparición de un nuevo caso de violencia de género, un mal sabor de boca le acompaña durante toda la jornada. No hace falta que sea tu madre, tu hermana o tu amiga…el corazón se resiente por igual.

Y es que la violencia de género es un tema doloroso y visible cuando hay una muerte de por medio, pero oculto cuando la víctima sufre los golpes, insultos, o vejaciones en silencio.

Seguro que todas vosotras os manifestáis en contra de este tipo de violencia que sacude a las mujeres, ¿cómo va ser justo ser maltratada o incluso morir por ello? Pero a veces se nos pasa otro tipo de pequeñas conductas, actitudes o creencias diarias igualmente dañinas para la mujer que lo sufre.

Si hacéis un poco de memoria, fácilmente podréis recordar situaciones en las que hayáis escuchado comentarios del tipo: “¡Chica que humor tienes, seguro que debes tener la regla!”, “Mejor lo haces tú (tareas domésticas) que esto se os da mejor a vosotras”, “Cariño no te quejes tanto encima que te ayudo con los niños”. Estas frases tan cotidianas y aparentemente suaves son ejemplos de micromachismos. Si se convierte en un hábito recurrente por parte de nuestra pareja, puede tener consecuencias tan dañinas como los insultos u otro tipo de agresiones.

Esta violencia blanda tiene graves consecuencias en la valoración de la mujer, en su valentía para realizar cosas o en sus creencias sobre lo que puede o no puede hacer debido a su condición de género.
Además fomenta una cultura desigualitaria entre hombre y mujeres, convirtiendo nuestro entorno en una sociedad patriarcal y aumenta la probabilidad de conductas violentas hacia la mujer.

Hay que tener en cuenta que los micromachismos son trasmitidos, casi de manera imperceptible, por nuestra sociedad a través de la cultura, los medios de comunicación, etc. Sólo hace falta visionar cualquier anuncio de detergente para saber a quién va dirigido, o prestar atención a los carteles de los baños públicos para darse cuenta que siempre hay un icono de una mujer con su bebé para informarnos de la existencia de una sala habilitada para cambiar los pañales de tu hijo.

Para combatir este tipo de violencia suave contra la mujer, debemos estar atentas a las actitudes y pequeñas acciones diarias que los hombres dirigen hacia las mujeres, denuncias estos pequeños actos de micromachismos y educar a nuestros hijos en un entorno más igualitario donde no haya cabida este tipo de violencia.