Por |21 - octubre - 2015|Categorías: Alimentación-Nutrición|Tags: , , , , , , , |0 comentarios

El té es una bebida originaria de la China con mucha historia y más de 5.000 años de antigüedad. Actualmente es la bebida más consumida en el mundo después del agua. Pero cuando hablamos del té nos referimos tanto a las yemas y hojas de la planta Camellia sinensis o Thea sinensis, como a la infusión que a partir de ellas se obtiene.

Destacan sus propiedades medicinales y también sus cualidades organolépticas, pues el sabor cambia según el tipo de té y la variedad. También encontramos en el mercado combinaciones de té con especias como la canela, hierbas aromáticas como la menta o frutas como la naranja o el limón.

La infusión de té contiene sales minerales de acción alcalinizante y remineralizante, cafeína (en general a menor concentración que el café) y flavonoides como las catequinas con gran actividad antioxidante. Existen numerosos estudios sobre el consumo de té, especialmente té verde, y la prevención de enfermedades crónicas, degenerativas y cáncer, así como del envejecimiento prematuro.

Hay cuatro tipos principales de té pero con múltiples variedades:

  • Té blanco: se obtiene por recolección de las yemas antes de que se abran, muy parecido en composición y tratamiento al té verde.
  • Té verde: las hojas se secan sin pasar por un proceso de fermentación. Es el té más consumido en China. Junto con el té blanco son los más ricos en catequinas, responsables de la mayoría de los efectos beneficiosos del consumo de té.
  • Té rojo, también llamado oolong: es un té semifermentado, menos dulce que el té verde pero también menos amargo que el té negro. Se guarda en barricas donde sufre un proceso de maduración que le confiere propiedades saludables para desintoxicar y depurar el hígado, reforzar el sistema inmunitario y facilitar la digestión de las grasas.
  • Té negro: obtenido por un proceso de fermentación donde las hojas se oscurecen y adquieren el aroma característico de éste tipo de té. Muy consumido en Europa.

Por su contenido en cafeína (también llamada teína), el consumo de té no está recomendado en niños, personas nerviosas, con la tensión alta o con insomnio.

Durante el embarazo y la lactancia hay que procurar reducir el consumo de bebidas con cafeína, ya que se trata de una sustancia estimulante que puede travesar la placenta o pasar a la leche materna.