Escrito por Sonia March y Mónica Peitx.

Si preguntamos en nuestro entorno, seguramente obtendríamos como respuesta que el pan sí engorda. Pero es un falso mito, como muchos que circulan sobre alimentación.

El pan forma parte de la base de nuestra alimentación, es uno de los alimentos básicos de la Dieta Mediterránea, desde hace miles de años. Pero su consumo ha bajado de forma importante en los últimos años, hasta tal punto que actualmente España es uno de los que menos consume en Europa.

Una de las razones principales de la bajada del consumo de pan es la mala fama de que engorda.

El pan, alimento estrella

El pan tiene un gran valor nutricional. Pertenece al grupo de los hidratos de carbono y proporciona la energía para llevar a cabo las funciones de nuestro organismo. Rico en fibra, proteínas, vitaminas, minerales y con muy poco contenido graso, es un alimento fundamental y que no debería faltar en la dieta diaria.

Una ración de 30gr equivale a 86 kcal, donde un 80% son de hidratos de carbono, 13% proteínas y solamente un 5% serán de grasas.  El pan debería estar presente en comidas tan importantes como desayuno y/o media mañana. En raciones moderadas puede ser consumido en la comida, cena o merienda.

 

¿Por qué es un mito que el pan engorda?

Realmente lo que engorda no es el pan, sino el acompañamiento y las cantidades. Mantequilla, embutidos, chocolate o el queso graso incrementan las calorías de manera importante. También las cantidades consumidas de pan deben ser las adecuadas para cada persona, horarios, edad, actividad física…

Diversos estudios han constatado que el pan no influye en las dietas de adelgazamiento y permite la perdida de peso en igual medida que en los regímenes que lo excluyen. Esto se debe a que tiene capacidad saciante y un sabor neutro ideal para formar parte de las comidas, sin caer en la monotonía.

Debemos seguir una buena dieta, consumiendo un pan de calidad e ingresando las calorías correctas de acuerdo a nuestro gasto. Así obtendremos un balance equilibrado.

Hoy comemos más fuera de casa y cocinamos menos. Todo esto va en detrimento del pan y favorece un aumento del desequilibrio alimentario. Consumimos más bollería, pastelería y pan de peor calidad. El pan no engorda, lo que engorda es comer más de lo gastamos.

Hagamos del pan un alimento esencial y presente en nuestra mesa, educando desde los más pequeños a su consumo, igual que nuestros abuelos y antepasados.