Las fiestas de Navidad, Año nuevo y  Reyes que acabamos de pasar son unas fechas donde tradicionalmente se producen reuniones con amigos, compañeros de trabajo y sobre todo con la familia y casi siempre alrededor de una mesa: comida de navidad, cena de noche buena, fin de año… Y donde siguiendo igualmente la tradición no pueden faltar algunos platos como el pavo, algún pescado al horno o los dulces de navidad… pero quizás el plato rey es el marisco y de ellos fundamentalmente los crustáceos (Gambas, Langostinos, Cigalas, Langostas, Nécoras, Centollos…).

Algunos de ellos no faltan en la mesa, con mayor o menor relevancia, dependiendo, en parte, de las diversas regiones donde pasemos estas fiestas. Aunque la razón fundamental es lo exquisito de su sabor y la revalorización de las comidas con unos buenos mariscos, también debemos saber que tienen unas indudables propiedades nutricionales.

Veamos algunas de ellas:

– Tienen una gran cantidad de proteínas y de alto valor biológico.

– Alto contenido en vitaminas (A D y del grupo B).

– Son ricos en Minerales (Fósforo, Potasio, Hierro, Yodo, Calcio, magnesio….).

– Tienen muy poca grasa, y por ello aportan pocas calorías (depende mucho de su forma de preparación. Cocidos, al vapor, a la plancha son los métodos más idóneos para este menester. Además estas grasas son de las consideradas saludables para nuestro organismo).

– También tenemos que saber que casi el 80% del marisco es AGUA.

Salvo por el precio, solo debemos conocer y tener precaución en algunas circunstancias: Es un alimento muy alergénico, por tanto precaución en aquellas personas que puedan ser alérgicos al mismo. Esto hace igualmente que su introducción en los bebés se retrase lo más posible. Aunque no hay una edad concreta, parece razonable hacerlo después de los 2 años y con las debidas precauciones.

Contienen unas sustancias llamadas purinas que tienen un efecto negativo sobre “la gota”, debido a que aumentan el ácido úrico. Ojo también al estado del marisco: es importante que sea lo más fresco posible y comprado en sitios de confianza. Si es congelado, que nos ofrezca garantías de no haber roto la cadena del frío. Pero en líneas generales y teniendo, como digo,  las debidas precauciones  además  del placer de su degustación, no debemos olvidar que nos están aportando unos beneficios nutricionales importantes.

Y recuerda también, si por cualquier circunstancia (no te gustan, eres alérgico, precio prohibitivo…) no los consumes, que hay otros alimentos igualmente  gustosos  por ejemplo  el pescado que te van a aportar similares beneficios nutricionales y un sabor  y presentación en la mesa, tan exquisita como ellos.