Ya sea por salud, preocupación por el medio ambiente o el bienestar animal, creencias religiosas, éticas o morales, es indudable que en los últimos años ha aumentado el interés por las dietas vegetarianas.

Cada vez son más numerosos los blogs, revistas, libros de cocina etc. que hablan sobre este tipo de dietas. También ha aumentado la oferta de restaurantes vegetarianos o de cursos sobre nutrición y vegetarianismo organizados por diversos colectivos.

Las dietas vegetarianas se definen de forma general como aquellas que no incluyen carne (ni siquiera aves), pescado o marisco, aunque existen varios tipos en función de si incluyen productos lácteos y huevos (dietas lacto-vegetarianas o dietas ovo-lacto-vegetarianas). Los veganos o vegetarianos estrictos son los que no consumen ningún tipo de alimento de origen animal.

Otros tipos de dietas son:

  • la macrobiótica, basada principalmente en el consumo de cereales, legumbres y verduras
  • los crudívoros son aquellas personas que se alimentan únicamente a base de alimentos crudos, sin procesar
  • las dietas frugívoras que únicamente incluyen frutas, frutos secos y semillas.

Algunos beneficios de las dietas vegetarianas es que son bajas en grasas y en colesterol y ricas en fibra. Deben ser muy variadas y estar bien planificadas, especialmente cuanto más restrictivas sean las dietas, para que aporten todos los nutrientes que necesitamos y en las cantidades adecuadas en todas las etapas de la vida, ya que algunos nutrientes se encuentran en menores cantidades o son menos biodisponibles cuando se obtienen a partir de alimentos vegetales.

Para llevar a cabo una dieta vegetariana completa, especialmente en dietas veganas, se debe prestar atención a la cantidad y calidad proteica, incluyendo legumbres, frutos secos y soja varios días por semana, un consumo adecuado de ácidos grasos omega-3, a través de alimentos fortificados como las bebidas de soja o las barritas de cereales, nueces o algas y suplementos a partir de éstas. También es importante asegurar una correcta absorción de minerales como el hierro, incluyendo una fuente de vitamina C en las comidas pues aumenta su biodisponibilidad, así como de calcio, zinc y yodo; y de vitaminas como la vitamina D y la vitamina B12, recurriendo a alimentos enriquecidos o suplementos en aquellas situaciones en las que no se consigan las cantidades necesarias.