¿De dónde proviene el tomate? Numerosos expertos relatan que es originario de los Andes (Perú), de antes de la formación del imperio inca, pero otros estudios explican que los aztecas ya lo sembraban en México sobre el año 700 a.C. No existen pruebas concluyentes que apoyen una teoría u otra, incluso es posible que las tribus precolombinas lo cultivaran simultáneamente en ambas regiones.

Fue a raíz del Descubrimiento de América por parte de Colón, cuando los españoles introdujeron el tomate en Europa, en la primera mitad del siglo XVI.  Al inicio se creía que era tóxico, y solo se utilizaba con fines curativos. Posteriormente se desmintió, ya que no tuvo ningún efecto negativo en personas que lo consumieron, y a finales del siglo XVII, el cultivo de tomate ya era frecuente en España, sobretodo en la zona sur del país. Poco a poco, empezó a formar parte de muchos platos y a estar presente en la gastronomía de toda Europa.

Hoy en día, el tomate sigue siendo protagonista en nuestra cocina. Muchas de nuestras recetas lo contienen. Como por ejemplo, el pan con tomate, tan importante en la dieta mediterránea, o el gazpacho en Andalucía.

El beneficio principal del tomate es su capacidad antioxidante. Esta propiedad se la dan mayoritariamente los carotenoides junto con la vitamina C que contiene.

El licopeno es el responsable del color rojo característico al tomate. Es el carotenoide mayoritario (cerca del 80%) y tiene una potente acción antioxidante. Actúa protegiendo las células de nuestro cuerpo del estrés oxidativo que producen los radicales libres, frenando el envejecimiento celular, y por tanto siendo uno de los compuestos que se relacionan con la prevención frente a alteraciones de la salud como las enfermedades cardiovasculares, diferentes tipos de cáncer….

Actualmente el licopeno es objeto de estudio por sus interesantes propiedades. Un estudio reciente realizado por el Dr. Jouni Karppi entre otros especialistas del Departamento de Medicina de la Universidad de Finlandia y publicado en la revista Neurology, concluye que comer tomate reduce el riesgo de padecer infarto cerebral debido a su alto contenido en licopeno.

Aporta color a tu dieta. Puedes identificar los alimentos ricos en antioxidantes por su aspecto. Cuanto más vivo es su color, más cantidad de antioxidantes contienen.