La mejor alimentación que puede recibir tu bebe es la leche materna, pero una vez iniciada la alimentación complementaria muchos pediatras aconsejan introducir en la dieta del niño los primeros zumos como antesala a la papilla de frutas. Son una una fuente idónea de vitaminas y de sales minerales, además de una bebida muy refrescante.

Los zumos son buenos por su alto contenido en vitaminas y minerales, además de favorecer el tránsito intestinal. Pero no se debe abusar de ellos y mucho menos si no son naturales, ya que el contenido de azúcar es mayor en los industriales. Los zumos deben formar parte de la dieta de tu hijo pero nunca deben ser un sustituto de la fruta ni del agua, sino un complemento.

¿Por cuál empezar? Prueba con el de naranja, muy rico en vitamina C. Si no le gusta demasiado, por ser ácido, inténtalo con el de mandarina. Es mucho más dulce y apetecible para unos paladares tan exigentes. En general, puedes probar con cualquiera de las primeras frutas que introduces en su dieta: manzana, pera, plátano, uva… Los de frutas tropicales, silvestres o con pelo tendrán que esperar hasta que te lo indique el pediatra. Normalmente, nunca antes del año.

Como es algo novedoso para el bebé, empezaremos a probar en cantidades pequeñas para saber si le gusta o no. Eso sí, siempre con una cuchara pequeña y no en el biberón. ¿Por qué? Aunque el biberón es mucho más cómodo y el niño puede estar más familiarizado con él, al hacerlo con una cucharita le ayudamos a que produzca más saliva; vamos acostumbrando su paladar y su estómago a otro alimento distinto de la leche y, sobre todo, evitamos que los restos de azúcar y ácidos de la fruta que queden en tetina entren en contacto con sus dientes y terminen provocando la denominada caries del lactante.

Otro consejo importante: nunca le hagas un zumo de varias frutas a la vez, al menos, al principio. Si mezclas sabores, no sabrás cuál le gusta y cuál no, y en el caso de reacción alérgica, no sabrás cuál se lo ha provocado.