Después de varios meses en los que tu hijo se ha ido acostumbrando poco a poco a pasar de alimentos totalmente líquidos como son la leche materna o las leches infantiles, a los semisólidos, con las papillas de cereales y los purés de frutas y de verduras con o sin carne y pescado, ha llegado el momento de empezar a masticar.

Aunque parezca un proceso sencillo, no siempre lo es, y tanto puede pasar que tu hijo rechace los purés y ya sólo quiera comer trocitos como al contrario, que sea un proceso lento y que se muestre reacio a aceptar esta nueva textura.

Como siempre que hablamos de la alimentación de los más pequeños, el primer consejo es armarse de paciencia.

No hay un momento concreto para empezar a darle la comida al bebé en pequeños trocitos, pero lo normal es empezar a hacerlo entre los 8 y los 12 meses, y que a partir del año coma ya muchos más alimentos masticando que en forma de puré.

La introducción de sólidos no debe atrasarse si todavía no han salido los dientes, ya que las encías son lo suficientemente duras como acabar de trocear los alimentos que suelen tomarse en esta etapa. A algunos niños incluso les alivia las molestias que habitualmente ocasiona la salida de los primeros dientes.

El paso de  introducción de nuevas texturas debe ser progresivo, e ir aumentando poco a poco la densidad de papillas y purés, hasta llegar a darle pequeños trocitos de fruta ya partidos o trozos más grandes para que el bebé las coja y las muerda, o galletitas para bebés que se disuelven fácilmente en la boca y no incluyen huevo en su composición.

Por supuesto, hay que dejar de lado la batidora, y empezar a utilizar el tenedor para chafar los alimentos o el rallador, para pasar luego a cortar en pequeños trocitos la carne y pescado con las tijeras de cocina u otros utensilios que tengas a mano.

Hay que tener en cuenta que hacer que los bebés aprendan a masticar no siempre es fácil, y que tienen que acostumbrarse a masticar y a ensalivar bien los alimentos para mejorar la digestión, y tenemos que intentar evitar que se traguen los alimentos sin apenas masticarlos, ya que si no puede que tengan digestiones largas y pesadas que les produzcan gases o incluso estreñimiento.

Y cuando hayas conseguido que acepte los trocitos y mastique adecuadamente, a por la próxima etapa: que utilice por si solo los cubiertos.