Si vomita selectivamente –solo los alimentos que no le gustan–, lo hace después de una rabieta, o solamente cuando está contigo a solas no hay que alarmarse demasiado, pero tampoco enfadarse. Vomitar como chantaje no entra dentro de las estrategia de niños tan pequeños; eso sí, presta mucha atención porque tu hijo te está expresando su malestar por algo de esta manera.


Sabes que se encuentra como una rosa pero, ¡vomita! Antes de enfadarte, reflexiona, tu niño quizás está intentando transmitirte alguna necesidad o malestar psicológico y es su forma de hacerlo. El vómito como respuesta a un estado emocional es algo que ocurre de forma rara en adultos pero suele ser bastante frecuente en niños de corta edad. Estas son sus formas más habituales:


• Vomita cuando no quiere comer más, o si no le gusta la comida. Los niños que se ven obligados a comer o cuyos padres insisten mucho en la cantidad que les dan aprenden que, vomitando, no se les obligará a comer más. ¿La solución? Respeta el apetito de tu hijo y, si hay algo que no le gusta, prueba a dárselo cocinado de otra manera, nunca le obligues a comer algo que le da asco.


• Vomita al irse a la cama, o cuando le obligas a descansar. Hay muchos peques que viven la siesta o el irse a dormir como una separación forzosa de sus padres, algo que les pone nerviosos y les causa malestar. Para evitarlo, inventa una rutina que sigáis cada vez que se vaya a la dormir –leerle un cuento, cantar una canción, cogerle un rato de la mano...–.

 

Cuando salgas de su habitación, deja una luz tenue en ella y explícale que tú o alguien de vuestra confianza va a estar muy cerca durante todo su sueño, por si necesita algo...
Y, sobre todo, cuando vomite, no hagas un drama ni le des más importancia de la que tiene. Asegúrate de que no es nada físico, pregúntale si hay algo que le preocupe, limpia todo con su ayuda, no te enfades y seguid con vuestra rutina. Cuanto antes entienda que con vómito y sin él tiene todo tu cariño y atención, más pronto conseguirá dejar de hacerlo.