A partir de los 6-7 meses el pediatra te recomendará introducir las verduras en la dieta de tu bebé. A pesar de que las verduras son muy sanas y aportan gran cantidad de nutrientes beneficiosos, existen algunas verduras poco aconsejadas para niños de esta edad que se deben integrar más tarde en la alimentación de tu hijo.

Las verduras y hortalizas, junto con las frutas, son una de las bases de nuestra alimentación. Las primeras verduras y hortalizas que se recomienda introducir en la dieta de un bebé son las patatas, el calabacín, las judías verdes o las zanahorias ya que son fáciles de digerir. Siempre hay que introducir las verduras de una en una, para comprobar si el niño las tolera y si presenta alguna alergia frente a las mismas.

Gradualmente, se pueden ir introduciendo el resto de verduras, excepto algunas que no se recomienda hasta los 12-18 meses por su alto contenido en oxalatos y nitritos: espinacas, acelgas, coles, espárragos, nabos, remolacha o apio.

Estos nutrientes, en cantidades muy elevadas, pueden afectar al bebé, en concreto, los nitritos pueden provocar metahemoglobinemia, que provoca la reducción del transporte de oxígeno; por eso la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) no recomienda las acelgas y las verduras en los niños menores de 12 meses.

Y una vez se las empieces a dar, límpialas siempre bien y no se las des crudas, mejor cocidas. Asimismo, existen otras verduras que tampoco se aconsejan antes de los 18 meses, pero en este caso porque son difíciles de digerir y pueden provocar flatulencias, como la coliflor o el repollo.

El tomate es un caso aparte ya que se considera bastante alergénico. Suele provocar picor y erupciones alrededor de la boca al comerlo. Espera hasta los 12 meses para dárselo a tu hijo y mejor los más maduros. Si ves que no le sienta bien o le sale una erupción, deja de dárselo, consulta con tu pediatra la posibilidad de dejar pasar 3-4 meses y volver a probar.