Por ser blandos o duros, gelatinosos o rugosos... hay alimentos que los niños rechazan por su textura. Es algo habitual cuando su alimentación cambia y comienzan a masticar. Debes ir poco a poco para que se familiarice con ellos y vaya aceptándolos uno a uno. No forzarles y tener paciencia son algunas claves del éxito.

A la hora de sentarse a la mesa, hay muchos tipos de niños. A algunos les cuesta aceptar nuevos alimentos, nuevos sabores o nuevas texturas. Ante la comprensible desesperación de los padres, se niegan a comer carne porque les resulta dura, verdura porque encuentran fibras, pescado porque les resulta gelatinoso o blando y legumbres porque encuentran áspera la piel. Estos consejos te pueden ayudar:

  • Hay expertos que recomiendan empezar a introducir diferentes texturas cuanto antes, pues los niños son más receptivos entre los 6 meses y los 2 años.
  • Cuando comience a comer sólidos, dale parte triturada y parte sólida, así conseguirás que se enfrente paulatinamente a las nuevas texturas y le sea más fácil aceptarlas.
  • Después, ve ofreciéndole la textura original. Nunca le obligues a comerlo, invítale a hacerlo y no te desesperes si lo rechazas. Vuelve a intentarlo en otra ocasión, pero no le fuerces, pues solo estarás fomentando su rechazo.
  • Intenta también no darle trozos muy grandes o duros, pues para ellos es un obstáculo añadido a la dificultad que supone comer sólidos al principio.
  • Huye del chantaje y no le animes a comer algo porque después tendrá una recompensa en forma de regalo.
  • Permite que juegue con las manos y que toque los alimentos para familiarizarse con las texturas distintas: crujiente, suave, denso... Le ayudará también a desarrollar los sentidos.

Para empezar a introducir las nuevas texturas en la alimentación de los bebés, pueden ayudarte las papillas con pequeños trocitos adaptados al grado de maduración y la edad del bebé, como la gama Blevit plus Trocitos, especialmente adaptada para los niños a partir del año de edad.