Los tres años de los niños es la edad de la fantasía, de las historias inventadas e incluso de los amigos imaginarios, es una etapa perfectamente normal en la que aún no sabrán diferenciar los conceptos de realidad y ficción.

Todos los niños hasta aproximadamente los 3 años no saben distinguir dónde está el límite entra la fantasía y la realidad, por eso es normal que se inventen juegos, historias, que tengan amigos imaginarios e incluso que mientan ante alguna pregunta, pero no lo hacen con mala intención sino que realmente aún no están capacitados para diferenciar entre la realidad y la ficción.

Los más pequeños se divierten mediante la imaginación pero también es un reflejo de sus sentimientos, problemas e inquietudes que exteriorizan en un mundo creado por ellos mismos. La imaginación es la base de su creatividad y aunque pueda llegar a ser un poco inquietante, no se debe reprimir ni regañar a los niños fantasiosos.

Que los niños tengan mucha imaginación no es malo, el problema viene cuando a partir de los 4 años, edad en la que deberían ser conscientes de las diferencias entre el mundo real y la ficción, siguen sin saber separar una cosa de la otra. La principal tarea de los padres será entonces enseñarles a diferenciar la realidad de lo que pasa en su cabeza pero siempre teniendo en cuanta su edad: aunque a partir de los 4 años ya estén capacitados para hacer la separación entre los dos mundos, hasta los 6 no sabrán distinguir ambos conceptos a la perfección.

Cómo ayudar al niño

- Lo primero que habrá que hacer es averiguar si el niño tiene algún tipo de problema o preocupación por el que prefiera sumergirse en un mundo imaginario. Hay que estar atento a sus historias: si acaban bien, si él es el malo o el bueno o en qué consisten. Además, si no le importa compartir su juego seguramente solo se trate de un niño con una imaginación desbordante, no pasaría igual si no deja que nadie forme parte de su fantasía pues puede que esté ocultando algo a través de ella. - No hay que ridiculizarle ni regañarle por ser un niño fantasioso. La imaginación no es algo malo si se sabe controlar. - Hasta cierto punto se puede apoyar su imaginación pero siempre dentro de ciertos límites y en caso de mentiras habrá que explicarle, de manera acorde a su edad, la diferencia entre verdad y mentira. - Es importante crear en casa un clima de confianza y cariño por el que el pequeño sienta la seguridad de poder expresar sus problemas y ser comprendido, así, en vez de recurrir a su propio mundo pedirá ayuda en casa. - Es importante que desde pequeños se fomente su sociabilidad, tanto el colegio como en el parque, como con los hijos de unos amigos. Si se vuelca en una amigo imaginario no hay que convencerle de que no existe pero tampoco hay que formar parte del juego ni preguntarle cosas sobre su “amigo”, simplemente hay que escucharle cuando cuente cosas sobre él, nada más. - La imaginación es la base de la creatividad así que es bueno animarle a que dibuje todas sus historias y personajes imaginarios, si no sabe expresarlo en el papel puede que se trate de un problema de evasión. - No hay que reaccionar de manera desproporcionada ante una mentira ni sobreproteger al niño en caso de que tenga un problema, hay que ayudarle pero debe aprender a enfrentarse a ciertas situaciones él solo.