Por primera vez va a pasar una noche lejos de ti y te debates entre el deseo de dejarle crecer y la desconfianza y preocupación por las mil dudas que de repente te corroen.

Ya se quede con familiares o con amigos, es común que, ante esta primera noche sin sus padres, dudes en si puedes dejar a esas personas a cargo de tu pequeño, o si tu hijo se portará bien o pasará miedo al no verte cerca. Este tipo de preocupaciones son normales. Pero lo mejor es considerar que este proceso forma parte de su crecimiento y desarrollo. Tu hijo debe aprender a comer en otros sitios, descubrir su independencia y convivir con otras personas que no sean sus padres. 

Si, aun así, no consigues relajarte, siempre puedes aplazar la invitación, o quedar con las personas que vayan a quedarse con tu hijo esa noche para tomar un café, conoceros (si no os conocíais antes) e incluso comentarle aquellas preocupaciones que tengas. Seguro que eso te hará relajarte un poco más y confiar en que tu hijo no sólo va a estar bien, sino que encima dará un paso importante en su crecimiento.

Es conveniente que hables con los adultos a su cargo de algunas manías que pueda tener tu hijo para dormir. Ya sea dormir con alguna luz, con la puerta abierta, o leyéndole algún cuento. Aunque puede que ni siquiera hagan falta. La capacidad de adaptación de los niños es muy grande, especialmente cuando están con otros amigos, así que puede que esa noche reniegue de su peluche o de dormir con esa lamparita sin la que no puede estar en casa.

Debes evitar estar presente en tu ausencia. Deja que tu hijo se acostumbre a estar sin papá y sin mamá, y esto será muy más fácil si no le llamas para ver cómo está o para darle las buenas noches. Tampoco conviene que le digas que irás a buscarle a la primera llamada suya. Esto le transmitirá la idea de que probablemente la noche vaya mal y no verá como algo natural el pasar la noche sin sus padres. En lugar de eso, concreta los detalles con el adulto a cargo sobre cómo proceder si a tu hijo le cuesta adaptarse.