Pocos alimentos despiertan tanta pasión entre los más pequeños como las patatas. Este tubérculo, fuente de hidratos de carbono, vitamina C, vitaminas del grupo B, sales minerales y fibra les aporta mucha energía y les ayuda en su desarrollo físico y mental. ¡Además combina bien con todo y es muy digestiva!

Poco podían imaginar los conquistadores españoles cuando trajeron la patata de América que se terminaría convirtiendo en uno de los alimentos preferidos al otro lado del Atlántico. Sus beneficios para la salud son muchos: es una fuente de energía gracias a los glúcidos complejos, regula el tránsito intestinal por su aporte de fibra y previene hipoglucemias. Es, además, uno de los primeros alimentos que se introduce en la dieta de los bebés. Desde los seis meses se puede combinar con otras hortalizas y verduras como el calabacín y la zanahoria en forma de puré, pues es fácil de digerir y tiene un alto valor nutricional. Lo habitual es cocerla y si se puede aprovechar el agua de la cocción, pues ahí se encuentran disueltas las sales minerales.

También son un alimento interesante cuando los niños empiezan a tomar sólidos, pues se les puede dar hervida y chafada con el tenedor. Su textura es ideal para que aprendan a masticar y su suave sabor les resulta muy agradable.

Más adelante, se convierte en un alimento perfecto para el desarrollo físico y mental debido a su aporte de energía, indispensable para la concentración mental y la práctica de actividad física. Y recuerda que, por sí mismas, las patatas no engordan, ya que no tienen nada de grasa. Es la forma de cocinarlas y el aliño lo que determina su aporte calórico.

Además de fritas (la opción más calórica, no debes abusar de ella), las puedes cocinar gratinadas al horno con un chorrito de aceite y hierbas aromáticas, hervidas, en tortilla, salteadas con verduras, en guisos como el marmitako o a la riojana...