Llevarle al parque, vacunarle, alimentarle bien, hacerle dormir y reír sin parar son los cinco pilares para que tu hijo tenga un sistema inmunitario en pleno rendimiento. Tú puedes ayudarle a potenciarlo pero, ojo, que se ponga malito no significa que estés fracasando: su sistema inmunitario tiene unas defensas innatas –las que tú puedes potenciar– y otras adquiridas, que solo se incrementará cuando se enfrente a las infecciones y enfermedades habituales.

Tu bebé ha nacido con un número limitado de anticuerpos que su mamá le ha transmitido y le llegan a través de la placenta, pero que poco a poco van desapareciendo y se calcula que se agotan alrededor de los seis meses de vida. Por esa razón, desde el mismo momento de su nacimiento, sus propios mecanismos de defensa se pone a funcionar y poco a poco su cuerpo ha de trabajar para fortalecer el sistema inmune. Tu misión es ayudarle en este camino. Así puedes hacerlo:

La lactancia materna: Imprescindible hasta los 6 meses, y muy deseable todo el tiempo que puedas. Así podrás pasarle al peque tus inmunoglobulinas, linfocitos, lisozima y macrófagos–todos ellos le protegerán de las enfermedades–. También le ayudarás a la formación de una flora intestinal equilibrada que programará más rápido su sistema inmunológico.

  • Alimentación: Tras la lactancia –o combinada con ella si tu hijo tiene más de 6 meses– incluye en su dieta alimentos con fitonutrientes como las naranjas, zanahoria, calabaza, tomate, brócoli... respetando por supuesto la edad de introducción de los mismos que le ayudarán a una mayor protección frente a parásitos, virus y bacterias.
  • Vacunación: La aplicación preventiva de vacunas entrena al sistema inmunológico sin que el niño sufra casi ningún riesgo.
  • Descanso: Cuanto más, mejor. Numerosos estudios han encontrado una conexión entre la falta de horas de sueño y una respuesta inmunológica insuficiente a las infecciones.
  • Contacto con la naturaleza: Al aumentar la actividad física la sangre circula más rápido, por lo que arrastra a más velocidad virus y bacterias; además, se producen más glóbulos blancos, que actúan contra los patógenos. Si esto se hace al aire libre, mejor, pues tu hijo segregará más endorfinas, hormona del optimismo que también le protege de las enfermedades.
  • Optimismo: La risa fortalece el sistema inmunológico y ayuda al buen funcionamiento del sistema linfático encargado de drenar toxinas.

Y recuerda, tener las defensas bien altas no significa no ponerse enfermo jamás, sino recuperarse pronto de las infecciones y enfermedades y conseguir que los problemas de salud no se compliquen.