Es un alimento muy importante en la dieta de los niños a la hora de cubrir sus necesidades de calcio, un mineral fundamental en su desarrollo. No solo eso: aporta proteínas, vitaminas... ¡y entre sus decenas de variedades seguro que encuentras alguna que le encanta! Conoce nuestros trucos y consejos para incluirlo en sus menús y cuál es el más apropiado en función de su edad.

¿Sabías que el queso tiene proteínas de alta calidad equivalentes a las de la carne? Por eso y por su alto aporte en calcio y fósforo, minerales fundamentales en el desarrollo de los huesos, es un alimento básico en la dieta infantil. Además tiene menos lactosa que la leche, por lo que es más digerible que ésta y puede ser una buena alternativa para los niños que no toleran demasiado la lactosa. Pero, ¿cuáles son las variedades más apropiadas para los más pequeños de la casa?

  •  Hacia el año pueden tomar quesos poco fermentados, con un sabor más suave y más digeribles, como los frescos tipo Burgos, Quark o los petit-suisse.
  • Desde los 18 meses, pueden probar el queso semicurado de vaca.
  • Hacia los dos años, el de cabra, oveja y los quesos de untar y más grasos (cheddar, brie...).
  • Hasta los tres años es mejor no darles quesos muy curados ni de olor intenso, más difíciles de digerir.

Además, si a tu hijo no le gusta la leche, encontrarás en el queso un gran aliado para completar las 2-3 raciones diarias de calcio necesarias en la infancia. De forma orientativa, una ración equivale a entre 30 y 55 gramos de queso fresco tipo petit ; una loncha de curado o semicurado (15-30 gramos); dos cucharadas soperas de queso seco rallado (20-30 gramos) o dos porciones de quesitos (40 gramos).

Si el problema es que rechazan su sabor, su versatilidad te permitirá camuflarlo en mil y una preparaciones: crema de calabaza con queso rallado tipo mozzarella; flan de queso de Burgos; empanadillas de jamón york y quesitos...