Son muchas las emociones que puede experimentar una mujer en el momento del parto, aunque las más habituales son inquietud, nervios, euforia… Y, una vez ha nacido el bebé, alegría y felicidad.

La revolución hormonal del embarazo llega hasta el parto y afecta a las emociones durante el mismo. Así lo recoge un interesante estudio realizado por los Dres. Dixon, Skinner y Foureur (2013), médicos de Nueva Zelanda, que recoge muchas investigaciones previas sobre el tema y las recopila sacando las siguientes conclusiones:

- Al comenzar el parto, la mayoría de mujeres siente excitación.

- Después, experimentan un periodo de calma y tranquilidad.

- A medida que las contracciones se hacen más intensas y dolorosas, las mujeres atraviesan un periodo que ellas denominan “La Zona” en la que se centran en las contracciones, lo que hace que el tiempo pase de una forma diferente y se sientan como fuera de sí mismas, en otro lugar y tiempo.

- Luego pueden sentirse cansadas y soñolientas y, en los últimos instantes, abrumadas y temerosas.

- Tras dar a luz, sienten euforia, alegría y felicidad.

 

¿Cómo intervienen las hormonas en estos sentimientos?

Según este estudio, las hormonas encargadas de empezar y mantener el parto son las causantes de que la mayoría de mujeres experimente estas emociones en ese mismo orden. Asimismo, estas tres investigadoras neozelandesas sugieren que las reacciones físicas al parto pueden conducir el mismo a buen puerto, a la vez que una interrupción externa o intervención médica puede retrasar o dificultar el parto.

Sus conclusiones se basan en que las neurohormonas que intervienen en el parto son sustancias químicas que tienen un efecto psicológico sobre otras células del cuerpo, es decir, influyen en nuestro comportamiento porque afectan a la manera en la que el cuerpo se adapta a los cambios físicos que estas hormonas le provocan.

Durante el parto son muchas las hormonas que intervienen, aunque la más importante es la oxitocina, llamada “la hormona del parto”. Esta hormona es la que favorece la expulsión, reduce el estrés, fomenta las contracciones, aumenta la frecuencia y duración de los pujos o tiene un efecto analgésico en el organismo. No en vano es la hormona que se administra artificialmente cuando se quiere provocar el parto o acelerarlo.

Por lo tanto, la oxitocina, junto con otras neurohormonas que intervienen en el parto, son las encargadas de hacer sentir a las mujeres como se sienten,  pero también, y más importante, de favorecer cada uno de los procesos del parto (dilatación, pujos, expulsión. Tienen una acción directa sobre las células y los tejidos, pero también influyen en las emociones y el comportamiento.

En conclusión, si se quiere que el parto transcurra lo mejor posible, hay que intervenir lo menos posible sobre el cuerpo y la mente de la mujer para dejar que las hormonas realicen su cometido de manera natural.

 

 

Fuente:

- Dixon, Skinner y Foureur (2013): https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23664311