A todos los bebés les encanta jugar y divertirse, de hecho, para ellos casi todo es un juego ya que es su manera de expresarse y aprender. Sin embargo, en ocasiones algunos niños se muestran reacios a jugar y no quieren estar nada más que sentados en un rincón. ¿Qué hacer en estos casos?

 

¿Por qué no quiere jugar?

Lo primero que hay que hacer es averiguar por qué, de repente, tu hijo no quiere jugar y se muestra apático. Las causas pueden ser muchas y muy distintas:

  • Se aburre y se ha cansado de sus juegos.
  • Se ha enfadado con alguien.
  • Se encuentra enfermo.
  • Intenta llamar tu atención.

 

¿Qué hacer?

- Si tu hijo es un poco mayor y ya habla, pregúntale qué le pasa e intenta averiguar la causa de esa apatía repentina. Si no habla, quizá puedas observar su comportamiento y en qué momentos se muestra así para saber por qué lo hace.

- Si consigues averiguar qué le pasa, tendrás que buscar el remedio para solucionar el problema. Por ejemplo, si está aburrido, enséñale nuevos juegos diferentes o salid más a la calle a jugar al parque y hacer actividades distintas. Si se ha enfadado con su hermano, ayúdalos a reconciliarse. Si está enfermo, habrá que esperar a que se encuentre mejor para que vuelva a jugar. Si quiere llamar tu atención mostrándose aburrido o desganado, tendrás que hacerle caso.

- Los niños pasan muchas horas encerrados en casa, es conveniente que bajéis a jugar al parque siempre que podáis para que juegue con otros chicos de su edad y se divierta.

- Muchas veces los chicos no quieren jugar porque se han enfadado con sus amigos. En estos casos, tendrás que saber qué les ha pasado y ayudar a tu hijo a reconciliarse, pero nunca obligues a los otros niños a jugar con tu hijo ni te metas en sus relaciones, podría ser contraproducente.

 

 

Fuentes:

- Fodor, Elizabeth; Morán, Montserrat (2009), Todo un mundo de sonrisas, Editorial Pirámide, Tercera edición, Madrid.