Los reflejos son respuestas involuntarias con las que los bebés nacen. Algunos, como el de la tos o el del bostezo, permanecen toda la vida. Otros son reacciones que se dan en un momento puntual en la vida del bebé y reflejan un desarrollo correcto.

Los bebés nacen con una serie de movimientos instintivos con los que responden a determinados estímulos sensoriales. Estas reacciones sirven para corroborar que existe un correcto desarrollo neurológico y motor en el pequeño. 

Estos reflejos, primitivos y antecedentes del desarrollo del control motor del bebé, desaparecen en gran medida a medida que el niño va creciendo; otros, como el reflejo del bostezo, tos o estornudo, permanecen durante toda la vida.

A veces pueden pasar por movimientos normales, pero en realidad se trata de respuestas musculares con las que el niño nace y que conviene conocer para poder comprobar su correcto desarrollo.

El reflejo de Landau es una de estas reacciones primitivas. Se empieza a observar a partir del tercer o cuarto mes; y en torno a los 12 meses ya suele haber desaparecido. 

¿Cómo se observa?

Colocando al bebé boca abajo, sostenido en el aire con una mano bajo su abdomen, la reacción se refleja en que el bebé, en lugar de dejarse caer por la gravedad, pone el cuerpo en tensión, colocando el tronco y las piernas en extensión y elevando la cabeza para mirar al frente y buscar una referencia visual. Así, el reflejo Landau representa la combinación de los reflejos tónico-laberíntico, tónico del cuello y visual. 

La ausencia de respuesta dentro del margen de edad de 3 a 12 meses puede ser un indicador de debilidad motora o de un menor desarrollo mental. Al año desaparece como reflejo automático, ya que el niño va desarrollando sus movimientos voluntarios y conscientes, como parte de su evolución motora.