Las nuevas tareas que comporta tener un bebé aunque resulten sencillas no siempre lo son. Si además es el primer hijo, pueden surgir dudas en temas del día a día, como es el caso de cómo lavarlo, curarle el ombligo o  preparar el biberón.

Para ayudarte, vamos a repasar los pasos fundamentales de este último caso.

En primer lugar, no olvides lavarte siempre las manos antes de empezar y en el caso de los bebés muy pequeños esterilizar todas las piezas del biberón, después de eliminar los restos de leche de la toma anterior. Poco a poco, las esterilizaciones se pueden ir espaciando, ya que las defensas del bebé y su sistema digestivo van madurando.

Dependiendo de la zona, puedes utilizar agua de la red (del grifo). Pregunta en tu Centro de Salud si el agua de tu zona es buena para preparar los biberones. En el caso de utilizar agua mineral, es muy importante que sea de mineralización baja, ya que son las adecuadas para la alimentación infantil.

En el biberón, hay que verter el agua primero y después las medidas rasas de leche en polvo. El cacito de cada variedad de leche es diferente, utiliza siempre el cacito dosificador que encontrarás en el interior del envase, y mantén la siguiente relación: por cada 30 ml de agua, 1 cacito de leche. Nutricionalmente, no es adecuado añadir ni de más ni de menos, para evitar complicaciones digestivas y renales.

No olvides agitar enérgicamente el biberón para conseguir una correcta disolución y  que el calor se reparta  por igual, y comprobar la temperatura de la leche echando unas gotitas en la muñeca o en el dorso de la mano para así evitar que el bebé se pueda quemar, sobre todo si el agua se ha calentado con el microondas.

Algunos consejos más: Recuerda que el biberón debe quedar un poco inclinado, para que la tetina esté siempre llena de leche y el bebé no trague aire y, al acabar, ayúdale a expulsar los gases incorporándolo y dándole suaves palmaditas en la espalda.