Lograr que los niños se vayan a la cama puede convertirse en una lucha cotidiana. A partir de los dos años tu hijo seguramente quiera alargar la hora del juego, empezarán las pesadillas y montará en cólera cada vez que tenga que irse a dormir.

A los dos años los niños tienen que dormir unas 12 horas diarias para al día siguiente estar descansados, así que no se puede permitir que hagan lo que quieran y que consigan acostarse cuando decidan. Es importante empezar a establecer unas rutinas desde que son pequeños y dejar las normas claras para que cada noche no haya una nueva discusión.

Para establecer una rutina nocturna hay que programar una serie de actividades consecutivas que permitan saber al niño qué hay que hacer antes dormir y que son las únicas opciones viables en ese momento. La rutina variará en función de los padres y el tiempo que quieran emplear, pero lo ideal sería darle un baño relajante, ponerle el pijama, cenar, lavarle los dientes y leerle uno o dos cuentos en la cama. Antes de irse a dormir también se le puede dejar jugar a algo tranquilo para que vaya bajando su nivel de actividad. La televisión no suele ser una buena opción porque estimula el sistema nervioso central y dificulta el sueño.

Algunos trucos útiles

• La rutina de antes de acostarse debe ser más o menos fija, igual que la hora de acostarse y levantarse. El niño sabrá qué es lo que toca y que lo correcto es hacer eso aunque no quiera.

• Si tiene miedo o pesadillas hay que prestarle atención e invitarle a que nos cuente qué le asusta. Si le tranquilizamos y le quitamos importancia a lo que ha soñado podrá acostarse más tranquilo. Las lamparitas infantiles son una buena opción para que tenga menos miedo a la hora de dormir. Si en medio de la noche reclama a los padres, deberán acudir, así si tiene otra pesadilla se sentirá más seguro.

• Dormir con peluches también le puede ayudar a sentirse protegido y acompañado.

• Durante el día debe estar algún rato en su dormitorio jugando o leyendo para que no solo lo asocie al momento de dormir y tampoco se debe relacionar la cama con los castigos porque entonces no la reconocerá como algo positivo.

• Las actividades relajantes como leer un cuento o la música para dormir suelen ser de gran ayuda para que los pequeños concilien el sueño.

• El azúcar, el ejercicio antes de dormir y acostarles con la tripa llena puede dificultar el sueño.

• Hay que enseñarle a dormir solo. Cuando esté tranquilo le damos un beso, le deseamos las buenas noches y nos marchamos. Si vuelve a levantarse, le volvemos a acostar y nos volvemos a ir. No hay que hacer caso a su petición: ni dejarle más rato levantado ni permanecer en la habitación hasta que él quiera. Es importante que sepa quién manda así que hay que ser firmes y contundentes pero siempre en calma y sin ponernos nerviosos. Los gritos solo crearán más tensión y discusiones.