Algunos frenillos son tan leves que ni siquiera dificultan el habla o alteran la estructura de la cavidad bucal pero, por pequeños que sean, todos los frenillos inciden en la alimentación haciendo a los niños más propensos a las caries o dificultando la toma de determinados alimentos. Si tu peque tiene frenillo, ¡toma nota!

En medicina se llama frenillo a cualquier repliegue que limita la movilidad de una zona. En el caso de los que afectan a la cavidad bucal, aunque existen múltiples tipos todos se agrupan en tres categorías:

• Cuando el labio superior se une demasiado a las encías hablamos de frenillo labial superior. Tenerlo puede llegar a provocar acumulación de alimentos en la zona, por lo que es recomendable que las comidas del niño estén acompañadas de abundantes líquidos. Además, dificulta el cepillado dental, por lo que es importante que los pequeños que lo sufren reduzcan el consumo de los alimentos que pueden causar caries (azúcares, golosinas, harinas refinadas...).

• Si el frenillo está en el labio inferior origina menos alteraciones; lo único de lo que debes estar pendiente es de que tenga una adecuada la higiene bucal, más difícil para estos niños, pues presentan una mayor incidencia de gingivitis.

• El frenillo lingual inferior es el que más complica la vida de los niños, ya que restringe la movilidad de la lengua. Es especialmente importante durante la lactancia materna, pues la cantidad de leche que la madre produce depende de la pericia succionadora del bebé, y esta se puede ver disminuida en casos de frenillo muy acusado. Si tienes un bebé lactante que no coge todo el peso que debería, analiza con el pediatra la forma de su lengua, puede que aquí esté la razón. Para los más grandecitos, el frenillo lingual restringe la función limpiadora de la lengua en toda la cavidad oral, por lo que la incidencia de caries, sobre todo en las muelas, es bastante mayor en estos niños.

Así que, ya sabes: nada de dulces, pocos bollos y, sobre todo, extremar la higiene bucal.