Tanto los bebés como los niños un poco mayores pueden sufrir migrañas, aunque si son muy pequeños quizá no sepan hacernos entender que les duele la cabeza. Normalmente, es un dolor que va asociado a otras molestias como resfriados, gripe, malestar estomacal, etc.

Muchas veces nos puede parecer que a los niños solo les duele la garganta, los oídos o la barriguita, pero lo cierto es que el dolor de cabeza es habitual en ellos cuando se ponen malos, incluso muchos sufren de migrañas recurrentes no asociadas a ninguna otra dolencia.

Así, según datos publicados por hospitales pediátricos, se calcula que el 96% de menores de 14 años ha sufrido cefalea alguna vez en su vida. Además, en los últimos años han aumentado un 20% las consultas en el neurólogo a causa de las migrañas infantiles, lo que quizá pueda explicarse por el aumento del estrés en los niños de hoy en día con tantos deberes, actividades extraescolares, etc.

Lo primero hay que distinguir entre un dolor de cabeza normal que suele ser síntoma de una patología mayor, como la gripe o una gastroenteritis, y una migraña. Las migrañas son un dolor de cabeza muy intenso que puede llegar a incapacitar a la persona que lo sufre. En niños es menos habitual, pero pueden sufrirlas desde el año de edad y, como veíamos, cada vez se encuentran más casos.

Se desconoce la causa de las migrañas, lo que dificulta un tratamiento correcto, aunque parecen ser de origen hereditario ya que la mayoría de personas que sufren migrañas tienen un paciente en primer grado (padre, hermano…) que también las padece.

Además del fuerte dolor de cabeza, las migrañas se caracterizan por ir acompañadas de otros síntomas: fotofobia o sensibilidad a la luz, sensibilidad a los ruidos fuertes, náuseas, etc. En los bebés, además de estos, también se producen bostezos, somnolencia, irritabilidad, cansancio, sed intensa …

La buena noticia es que las migrañas tienen un buen pronóstico y seguro que el pediatra sabe dar con el tratamiento adecuado para que el pequeño deje de padecer frecuentes dolores de cabeza.

Además, para los ataques fuertes puedes probar a tumbarle en un sitio tranquilo y oscuro y ponerle un paño de agua fría en la frente, verás cómo le alivia.