El primer contacto con el sabor salado (o mejor podríamos decir “no dulce') no siempre es una experiencia agradable para los bebés y, en este caso, las verduras suelen ser las protagonistas. El pediatra te indicará cuáles introducir y en qué orden. Para empezar a incorporarlas en su dieta, el truco que mejor suele funcionar es el de mezclar 2 ó 3 cucharadas de puré en su biberón. Cuando veas que va aceptando el sabor, reduce la cantidad de leche hasta que puedas darle la papilla con cuchara. Puedes añadir un chorrito de aceite de oliva, pero nada de sal. Las primeras carnes y pescados suponen un aporte de proteínas muy importante en esta etapa. Con ellos irá descubriendo nuevos sabores y texturas que te permitirán ir variando sus menús y ampliando el repertorio de recetas. Pollo y pavo irán primero, ternera después, y a partir de los 8 meses, pescado blanco como el lenguado, la merluza y el gallo, bien frescos o congelados. El pollo y el pavo son las carnes más fáciles de digerir y las primeras a introducir. Deberán hervirse sin la piel. Si la tolerancia es buena, pasados 15 días se puede introducir la carne de ternera y un poco más adelante la de buey, siempre eliminando la grasa visible si la hay y escogiendo cortes tiernos y magros. La cantidad de carne debe ser de 20-30 gramos, aunque en las primeras preparaciones puede ponerse menos cantidad para que el niño acepte mejor esta nueva introducción. Un puré tipo para esta edad sería el siguiente: 20-30 g de carne, 50-100 gramos de patata, 100 gramos de verduras y 1 cucharadita de postre de aceite de oliva en crudo añadida al puré ya preparado. Las preferencias y rechazos del bebé se van consolidando poco a poco, por lo que vale la pena cuidar el aspecto y la variedad de los alimentos. ¡Aprovecha su curiosidad innata!