Los niños suelen sentir fascinación por los cuentos: su atención se centra en la historia, quedan boquiabiertos, lo pasan bien…Pero, además, los cuentos les permiten beneficiarse de los positivos efectos que estos tienen en su capacidad comunicativa, de concentración y atención o de transmisión de valores.

Los cuentos han sido una forma popular de entretenimiento infantil durante siglos. Y es que nunca pierden su efectividad de captar la atención de los niños y abrirles un universo de héroes y heroínas, animales parlantes u objetos que cobran vida. Los niños disfrutan de estas historias, pero, además, les ofrecen y aportan unos positivos beneficios.

El aspecto comunicativo es uno de los más fomentados con los cuentos. La oralidad o habilidad de hablar en público, la construcción de frases, el vocabulario, la pronunciación…son algunos de los recursos que se ven beneficiados viendo y escuchando a alguien contar historias.

También la capacidad de atención y de escucha es otra impulsada. Contar cuentos a los niños les enseña a mantener su atención centrada, permanecer callados y escuchar, algo muy positivo en niños pequeños. Asimismo, la capacidad de síntesis, resumen o comprensión se pueden ir trabajando escuchando historias, especialmente cuando después de la historia se trabaja con ellos en que hagan un resumen, o cuenten qué les gustó más…Un aprendizaje que les será de mucha utilidad en su etapa escolar.

Además, como ocurre con la ficción en general –películas, canciones, historias…–, los cuentos son unos geniales transmisores de valores. Así, permiten incidir en valores como la solidaridad, la valentía, la amistad, el respeto a la naturaleza, la creatividad e imaginación…

Así, es más que recomendable buscar y llevar a los niños a talleres de cuentacuentos, o a funciones de títeres de vez en cuando, o hacerlo en casa, convirtiéndote tú en el cuentacuentos de tu hijo.