La leche de consumo habitual a partir de los 3 años de vida en nuestro país es la leche de vaca, un alimento muy completo y equilibrado ya que aporta proteínas de elevada calidad, lactosa como principal hidrato de carbono, que favorece la absorción del calcio, un contenido graso de fácil digestión, y constituye una de las principales fuentes de calcio y vitamina D, entre otros minerales y vitaminas. Por todo ello resulta un alimento indispensable para el crecimiento y desarrollo de nuestros niños.

Actualmente podemos encontrar en el mercado una gran variedad de leches de vaca en las que se ha modificado el contenido de uno o varios nutrientes mediante diferentes procesos tecnológicos, con el objetivo de adaptarlas a las necesidades de todos los grupos de población, como son las leches desnatadas o semidesnatadas, las enriquecidas en calcio, en ácidos grasos omega-3, etc. Esta gran oferta puede hacernos dudar a la hora de elegir el tipo de leche más adecuada para nuestros hijos.

En función de su contenido en grasa, la leche se clasifica en tres categorías: leche entera, con un contenido graso que varía del 3.5 al 4%, semidesnatada entre el 1.5 y el 1.8% y desnatada, con un aporte de grasa menor al 0.3%. A nivel práctico, se puede decir que un vaso de leche entera (200-250 ml) aporta entre 130 y 160 kcal mientras que uno de leche desnatada aporta entre 70 y 88 kcal.

El tipo de leche más recomendable en la edad infantil es la leche entera, en la que no se ha modificado el contenido graso, ya que los lípidos son nutrientes necesarios y más aún durante el crecimiento ya que además de ser una fuente de energía, también tienen otras funciones como la de formar parte de la estructura corporal. Únicamente, en los niños en los que se necesite limitar el aporte de grasas, una vez introducida le leche de vaca y como mínimo a partir de los 2 años, se aconseja administrar lácteos desnatados o semidesnatados.

A partir de la adolescencia, se tiende a recomendar lácteos desnatados o semidesnatados para evitar el exceso de grasas en la dieta y prevenir la aparición de enfermedades relacionadas con el mismo en la edad adulta como obesidad, diabetes, colesterol elevado, etc.

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