Según los expertos, la mayoría de niños consume de dos a tres veces más cantidad de sal de la recomendada, lo cual puede ser perjudicial a la larga ya que la ingesta excesiva de sal está ligada a una mayor prevalencia de hipertensión, y diversas enfermedades crónicas asociadas a la misma. El gusto por las comidas con niveles altos de sal es adquirido, por lo que debes acostumbrar a tus hijos a comer con poca sal desde pequeños, así no la echarán de menos.

Diferentes estudios de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición estiman que el 80% de los españoles consumen más sal de la recomendada. Además, entre el 2 y el 3 por ciento de la población pediátrica sufre hipertensión.

Este hecho tiene más importancia de la que podría parecer inicialmente ya que casi todos los especialistas coindicen en señalar que las enfermedades cardiovasculares se gestan en la cuna porque es precisamente en la infancia cuando se empiezan a desarrollar todos los factores de riesgo que predisponen a desarrollar factores de riesgo para su aparición en la edad adulta.

La comunidad de medicina pediátrica ha dado la voz de alarma porque están detectando en sus consultas una afluencia cada vez mayor de niños con la presión arterial elevada, lo que les puede conducir a ser adultos hipertensos.

Para evitar esto hay que implantar un estilo de vida saludable desde la infancia, lo que incluye limitar el consumo de sal, ya que el exceso de este compuesto está detrás de una buena parte de los pacientes con hipertensión.

La ingesta excesiva de sal también empeora la deshidratación y las enfermedades renales, y en ocasiones se ha relacionado con la osteoporosis o el incremento de llamado colesterol malo.

Un gusto adquirido

Cuando estamos enfermos y nos quitan la sal de las comidas nos parece que no están tan buenas y que no tienen nada de sabor. Sin embargo, el gusto por la sal es adquirido. Los bebés prefieren los sabores dulces y, de hecho, no se les echa sal en la comida hasta los 12 meses.

Hay que tener en cuenta que la mayoría de alimentos en su estado natural ya contienen sodio (componente principal de la sal), por lo que no es necesario añadirles más. Si echamos mucha sal en sus primeras comidas de “adultos” se acostumbrarán a comerlas así y luego les sabrán sosas sin sal o con poca sal. Por lo tanto debes echar muy poca sal al cocinar o incluso nada.

La dosis diaria recomendada de sal para niños de entre 1 y 3 años es de 2 g, 3 g para los de 4 y 6 años y 4 g para los niños entre los 7 y los 10 años. En la edad adulta, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no consumir cada día más de 6 g de sal.

Consejos para reducir el consumo de sal

- Reduce al máximo la cantidad de productos procesados y opta por las versiones frescas ya que los primeros suelen contener gran cantidad de sal. - Controla el consumo de embutidos, que son más salados que los fiambres cocidos. - Los alimentos en salazón y ahumados deben tomarse con moderación. - Agrega la menor cantidad posible de sal al cocinar. Opta por otros potenciadores más sanos como hierbas aromáticas, especias o aceite de oliva. - Al preparar el biberón del tu bebé, usa agua con bajo contenido en sodio. - Las verduras envasadas en tarros de cristal suelen llevar sal, que se añade al agua en que vienen conservadas. Úsalas sin añadir sal o lávalas antes de cocinarlas para eliminar el exceso. - Nunca lleves el salero a la mesa para que los niños se puedan echar más sal. - No añadas nada de sal a los alimentos ya preparados. - regular en toda tu familia.