Las ensaladas son platos sanos y refrescantes, muy adecuados para el verano cuando el calor aprieta. Se preparan en un momento y pueden resultar muy nutritivas si elegimos bien los ingredientes.

Para los niños, las ensaladas significan nuevas texturas y sabores desconocidos, a algunos les encantarán y a otros les costará su introducción. Lo más divertido para ellos será la mezcla de colores vivos que verán en el plato.

A partir del año se puede intentar dar alguna hortaliza cruda como por ejemplo un poco de lechuga tierna cortadita a trocitos. Cuando el niño ya mastica bien, y eso depende del proceso de dentición, es el momento de empezar a ofrecerle ensaladas.

Al tratarse de alimentos crudos debemos lavarlos bien antes de comer, y para que no se atraganten procurar cortar las verduras a trocitos pequeños o rallarlas, por ejemplo la zanahoria o el pepino.

La mejor forma de introducir las ensaladas es mezclar alimentos que le gusten al niño con algunos nuevos. ¡Deja volar tu imaginación! No todas las ensaladas se basan en el tomate y la lechuga. A veces hay que insistir para que acepten un nuevo sabor y no rendirse enseguida. Juega con una base de arroz hervido o pasta y añádele maíz, zanahoria, pepino, lechuga, manzana, huevo duro, tomates cherry, atún, prueba diferentes combinaciones incluso con taquitos de pollo hervido o a la plancha, queso manchego o jamón cocido.

Para aliñar, usa aceite de oliva y no le pongas sal, las verduras son ricas en sales minerales y conservan todo su sabor cuando se consumen crudas. Atrévete con una salsa de yogur natural, un alimento que suele gustar a los niños, y les ayudará a probar platos nuevos.

Comer verduras y hortalizas crudas aporta gran cantidad de vitaminas y minerales, además de agua y fibra, son ideales para el verano porque nos hidratan y además previenen y ayudan a combatir el estreñimiento.

Ya sea como plato principal o para acompañar, las ensaladas dan sabor y color a las recetas de nuestros menús.