La inteligencia emocional nos ayuda a entender nuestros sentimientos y gestionar nuestras emociones. ¿Cómo podemos enseñar a nuestros hijos a desarrollarla?

 

¿Qué estoy sintiendo? ¿Cómo me siento? ¿Cómo puedo manejar esta emoción sin que me sobrepase? ¿Cómo expreso mis emociones? Para todo esto es útil la llamada inteligencia emocional o cómo leemos e interpretamos nuestras emociones y las de otros.


Trabajar en la inteligencia emocional conlleva desarrollar la capacidad de reconocer los sentimientos propios y ajenos, la empatía y asertividad, saber expresar correctamente emociones y pensamientos,…


El trabajo en la inteligencia emocional es un proceso continuado a lo largo de la vida. Además, a diferencia del coeficiente intelectual, la inteligencia emocional no viene tan marcada genéticamente, por lo que desarrollarla depende sobre todo de que se trabaje en ella. 


¿Cómo podemos incentivar la inteligencia emocional en los niños?

 

Lo básico es cumplir tres reglas básicas: marcar unos límites claros de lo que está bien y lo que está mal, reforzar las buenas conductas con afecto, dedicar tiempo a hablar sobre valores y normas. 


También es importante dejar que los niños tomes sus propias decisiones y resuelvan sus problemas, apoyarles en sus éxitos y fracasos para darles confianza en sí mismos, dedicar tiempo a hablar de sus sentimientos y emociones, no ocultar los errores y enseñarle la importancia de respetar la variedad, de gustos, opiniones y formas de ser distintas a las suyas.