La cafeína es una de las sustancias estimulantes que más se consumen en todo el mundo. Se encuentra en el café, el , el chocolate, en algunas bebidas energéticas, en la mayoría de refrescos a base de colas (a menos que estén etiquetados como libres de cafeína) y en algunos medicamentos.

Se trata de una sustancia estimulante del cerebro y el sistema nervioso, acelera el ritmo cardíaco y puede aumentar la presión sanguínea.Además tiene cierta acción diurética ayudando a eliminar líquidos del organismo. A dosis moderadas alivia la fatiga y la somnolencia, pero a dosis elevadas o en personas más sensibles o con el metabolismo lento, puede provocar nerviosismo y dificultad para conciliar el sueño. La cantidad de cafeína en una taza de café varia enormemente según la variedad del café y el método de preparación.

Durante el embarazo se recomienda no abusar de la cafeína, ya que pasa a través de la placenta y puede tener un efecto negativo para el bebé: aumento de la frecuencia cardíaca, bajo peso al nacer o parto prematuro. En caso de acidez es mejor evitarla del todo, pues aumenta la secreción de ácidos en el estómago y agrava un trastorno ya de por sí frecuente en el embarazo.

Si estás embarazada debes limitar su consumo a no más de 300mg diarios, equivalentes a dos tazas de café al día. Lo puedes sustituir por infusiones de menta, manzanilla, hinojo, tila, melisa o bien rooibos, un tipo de arbusto parecido al té que no contiene cafeína.

En periodo de lactancia, la cafeína pasa a la leche materna, por eso el abuso de café o bebidas de cola puede producir inquietud e insomnio en el bebé. Mejor beber agua, leche o zumos de fruta naturales.

Si quieres reducir el consumo de cafeína, hazlo de forma gradual para prevenir posibles síntomas tipo somnolencia, dolor de cabeza, falta de concentración o irritabilidad.