La etapa preescolar (también llamada del “niño de corta edad”) abarca el periodo de 1 a 3 años, y se caracteriza porque a partir del año de edad la velocidad de crecimiento se enlentece respecto a los meses anteriores. De todos modos, la velocidad de crecimiento continúa siendo importante y también lo es cubrir todos sus requerimientos por lo que no debemos olvidar la importancia de una buena alimentación, sana y variada en esta edad.

En ciertas ocasiones, los preescolares pueden presentar menos apetito e interés por la comida, lo que conlleva un motivo de preocupación para los padres.

¿Qué debe hacerse en estas situaciones? Armarse de paciencia, y esforzarse en establecer una dieta equilibrada y personalizada donde se incluyan todos los grupos de alimentos (lácteos, cereales, frutas, verduras, carnes...). De esta manera os aseguraréis que estáis cubriendo todas las necesidades nutricionales de vuestro hijo. La mejor manera de saber que está comiendo de una forma adecuada, es realizar un seguimiento de su peso y talla (de su crecimiento) y ver que está sano y feliz. El pediatra o profesional sanitario que realice el seguimiento de vuestro hijo os ayudará en este sentido, pues son exámenes que se realizan de forma rutinaria en los controles de niño sano en la consulta pediátrica.

A esta edad, esforzaos en promover hábitos alimentarios saludables que perduren en etapas posteriores. El entorno familiar es fundamental para que el niño adquiera buenos hábitos o costumbres sobre su alimentación y que esta educación nutricional pueda perdurar hasta la vida adulta.

En esta etapa, vuestro hijo empezará a querer comer solo e , experimentará activamente con la cuchara y el vaso, empezará a desarrollar su capacidad para coger alimentos con la mano y se manchará en este proceso de aprender a comer. Seguro que preferirá unos alimentos respecto a otros, pero con paciencia y tiempo llegareis a incluir la mayoría de alimentos en su dieta. No es cuestión ni de obligarle continuamente ni de excesiva permisividad, con el tiempo sabréis encontrar el equilibrio. Es importante no sobrealimentarle, ni abusar de productos de aperitivo, bollería o dulces.

Aseguraros de ofrecerle diferentes texturas y nuevos sabores durante esta etapa, ya que se sabe que cuanto mayor sea la variedad de sabores y aromas que prueben los niños durante la diversificación alimentaria, mayor será la aceptación de los nuevos alimentos que le son ofrecidos, y más variada será su alimentación en etapas posteriores de la vida.