Los niños crecen apegados a sus juguetes y, al contrario de lo que pueda pensarse, los muñecos o entretenimientos que les ofrecemos pueden tener un componente fuerte en el desarrollo de su personalidad.

El juego es una actividad fundamental durante la infancia pues supone una recreación del mundo que los pequeños perciben, potencia su imaginación, creatividad e inteligencia, les ayuda en sus habilidades motoras y psíquicas y, por supuesto, les divierte.

La importancia de los juguetes

Algunos padres, cada vez más, buscan que los juguetes que ofrecen a sus hijos aúnen diversión y educación y que, aparte del componente lúdico, les sirvan para aprender y madurar. En cambio hay otros que no se dan de la importancia que realmente tienen. Al contrario de lo que piensa cierta parte de la sociedad, los juguetes no son neutrales y sí que tienen un componente fuerte en el desarrollo de la personalidad de los más pequeños. Si los padres regalan a sus niños pistolas o tanques, éstos pueden entender que la violencia es algo normal en la vida diaria; si juegan a la guerra o a matarse no tienen por qué entender que esto solo es válido dentro de su imaginación.

Jugando a aniquilar a su enemigo pueden aprender que la resolución de los conflictos llega eliminando al adversario. No hay que olvidar que los niños no saben discernir entre lo real y lo imaginario con la claridad de los adultos.

Si los niños crecen en un entorno violento o en el que no se le da importancia a la resolución de los conflictos mediante otras vías, aunque sea dentro de un juego, su comportamiento en edades más avanzadas puede desarrollarse en torno a esto.

Muchos padres consideran que los juegos de guerra son una manera de liberar energía pero está comprobado que los niños pueden canalizar dicha energía de otras maneras mucho más lúdicas y saludables: desde saltar o correr hasta ir a los columpios o lanzarse por un tobogán.

¿Y qué pasa si pide una pistola?

Eso sí, si el niño pide una pistola de agua o un disfraz se vaquero con revólver incluido, no hay que alarmarse ni pensar que está desarrollando un comportamiento agresivo. Si desde casa se le inculcan unos buenos valores y unas normas de convivencia, no pasa nada porque juegue a ser el sheriff de la ciudad mientras le dejemos clara nuestra postura sobre la violencia y cómo se deben solucionar los problemas. Deberíamos ponernos alerta si su único entretenimiento se basa en jugar a matar, en hacer una guerra o en hacer justicia mediante métodos violentos.

En cualquier caso, lo mejor es dar preeminencia a otro tipo de juguetes y entretenimiento que fomenten la cooperación, las actitudes pacíficas y la creatividad, y siempre que el niño presencia una escena violenta en la televisión, en un videojuego o en la vida real, habrá que explicarle nuestra postura frente a esto. En nuestras manos está la estimulación que queremos ofrecerle a nuestros hijos.