A medida que van cumpliendo años, el sentido del gusto de los niños se va agudizando y desarrollando. Por eso, es importante mostrarles el variado mundo de los sabores desde que son pequeños.

Un niño es una esponja de estímulos, cuantos más recibe más ávida se hace su curiosidad. Esta estimulación debe abarcar todos los sentidos: visual, táctil, auditivo, olfativo y del gusto. Enseñándoles desde pequeños que hay una amplia variedad de sabores: amargos, ácidos, salados, dulces y de alimentos dentro de ese arco, podemos lograr que desarrollen su curiosidad por el sentido del gusto y que aprendan a comer de todo.

Desde que son pequeños, los bebés responden a los sabores. No tienes más que probar a mojar su chupete en agua azucarada, salada o de limón para ver cómo reacciona a cada estímulo. 

De los seis a los doce meses, puedes mostrarle los diferentes sabores que puede tener una misma fruta como la manzana (roja, amarilla y verde), o frutas y hortalizas como el plátano, la zanahoria, el albaricoque, el tomate, la pera... Déjale que las toque, explore sus colores, texturas, olores…

Un juego muy divertido a partir de los cuatro años es el de Adivina qué es, con el que se dará cuenta de los diferentes sabores que prueba. Con los ojos cubiertos, dale a probar diferentes alimentos: frutas, su postre favorito, galletas, pollo, aceitunas sin hueso…Tendrá que adivinar qué alimento es y describir su sabor (dulce, salado, amargo…). Esto le servirá para juzgar un alimento exclusivamente por su sabor y desarrollar su capacidad gustativa. Además de para pasar un rato divertido.

Otra variación de este juego es con líquidos. Puedes darle a probar zumos naturales de manzana, naranja, agua, leche, batidos…para que los identifique. Incluso puedes colar en el juego un vaso de agua salada para hacer una especie de ruleta rusa divertida y ver a quién le toca ese desagradable sabor.