¿Tiene muchos gases, se retuerce y llora, sus deposiciones son muy acuosas, su tripita se pone  dura? Cuando algo va mal y no se sabe por qué, los pediatras suelen chequear la intolerancia a la lactosa, un problema que puede surgir de repente y que causará malestar unos cuantos días a tu bebé si no le pones remedio rápido. Toma nota de sus síntomas para detectarla cuanto antes.

Vaya por delante que la intolerancia a la lactosa puede aparecer  al final de la niñez –se calcula que en mayor o menor grado afecta al 15% de los adolescentes y al 70% de los adultos–. Hay muy pocos casos de intolerancia genética en bebés, pero los hay... Una intolerancia total –un niño que nace sin la enzima lactasa, la que se encarga de digerir la lactosa, el principal azúcar de todas las leches– se detecta enseguida por el pediatra, pues el bebé no coge peso y no para de llorar, pero casos de estos, afortunadamente, hay pocos.

Lo que sí que hay son más peques que sufren una deficiencia funcional de lactasa o intolerancia secundaria a la lactosa; es decir, que no son capaces de digerirla del todo durante un tiempo. Esta deficiencia suele estar provocada por un daño intestinal temporal que tiene otras causas –, si está pasando por  alguna infección vírica o bacteriana, tras una gastroenteritis, al tomar antibióticos, por una celiaquía...–. Durante el tiempo que dure puede que el pediatra te sugiera algún preparado sin lactosa; pero tranquila, es curable, la duración suele ser corta (días) y no reviste gravedad para el bebé.

¿Cómo detectarla rápidamente?

Lo más fácil, en el pañal: las deposiciones serán acuosas, con diarrea ácida y defecación explosiva. Notarás, además, que tiene el periné –la entrada del ano– enrojecido e irritado debido a los ácidos creados durante la fermentación de la lactosa que irritan la delicada piel del bebé, con la aparición del eritema o dermatitis del pañal. Algunos niños llegan a sufrir vómitos, espasmos y dolor abdominal; y los gases y las flatulencias, además de la tripita súper dura te harán sospechar una posible intolerancia. ¡Consulta con tu pediatra para confirmar lo que está ocurriendo para aliviarle cuanto antes!