Generalmente, los bebés se alimentan exclusivamente de leche materna hasta los 6 meses o si es necesario inician la utilización de leches infantiles, y partir de ese momento empiezan a introducirse nuevos alimentos en su dieta (cereales sin gluten frutas, verduras, etc.). Sin embargo, algunos niños necesitan comenzar antes con la dieta complementaria. ¿Quieres saber en qué casos se decide y por qué?

El pediatra, en sus revisiones mensuales, controla el peso y el crecimiento del bebé, así como su desarrollo. Según las valoraciones que haya, puede decidir empezar antes con la alimentación complementaria por diversos motivos, uno de los principales es la necesidad extra de aporte de nutrientes. Algunos lactantes no ganan peso a la velocidad adecuada o son muy comilones o grandes de talla y siempre se quedan con hambre.

En cualquiera de estos casos, necesitan adelantar el aporte de los nutrientes que proporcionan las verduras, las frutas o los cereales sin gluten.

Sin embargo, otras veces es la madre la que decide, de motu proprio, dejar la lactancia bien sea con leche materna o con leches infantiles y empezar a darle otros alimentos. Normalmente este cambio se ve motivado por la dificultad para mantener la lactancia al empezar a trabajar.

Esta decisión puede no ser la más adecuada para el bebé ya que, si el sistema digestivo no está lo suficientemente maduro, puede tener una influencia negativa:

- El más importante es la interferencia con la lactancia materna, ya que un menor número de tomas favorece que disminuya la producción de leche por parte de la madre, y por tanto puede reducir la duración de la lactancia al pecho. - Algunos especialistas consideran que la introducción precoz de algunos alimentos especialmente alergénicos puede favorecer el desarrollo de alergias alimentarias frente a los mismos, debido a la inmadurez del sistema digestivo. Uno de los casos más conocidos es el de la introducción precoz del gluten y el riesgo de aparición de la enfermedad celiaca. - Antes del año de edad no se recomiendan los alimentos o preparados que contengan azúcar o sal añadidos, ya que favorecen la apetencia hacia niveles altos de estos compuestos, y con ello las dietas que propicien la caries y el sobrepeso en el caso del azúcar, y la hipertensión en el caso de la sal. - Los nitratos presentes en algunos alimentos (espinacas, acelgas) pueden provocar la aparición de metahemoglobinemia, que provoca la disminución del transporte de oxígeno en el organismo debido a que afecta a la capacidad del hierro de la hemoglobina, para almacenar y transportar oxígeno de los pulmones a los tejidos. Por esta razón no se aconseja que estas verduras formen parte de la alimentación de los lactantes antes de los 18 meses de edad. - También hay que controlar el aporte de algunos tipos de fibra, ya que contiene fitatos, sustancias que inhiben la absorción de minerales como el hierro y el calcio. - Hay que evitar la excesiva ingesta de calorías, que puede favorecer un incremento del peso del lactante por encima de lo adecuado. En resumen, por los posibles riesgos nutricionales que una introducción excesivamente precoz de la alimentación complementaria pueda provocar en el lactante, es el pediatra el que debe decidir en qué momento empezar con la misma y el orden de los alimentos que debes ir dándole. Cada niño es diferente, y su velocidad de crecimiento y desarrollo también, por lo que consulta con un profesional de la salud para saber la forma más adecuada de diversificar la dieta de tu bebé.