Pronto estaremos en mayo, el mejor mes para comer guisantes y habas frescos, aunque ya se empiezan a ver en las paradas del mercado. Pertenecen al grupo de las legumbres, pero al comerse frescos parecen más bien una verdura. Si los compras con vaina, deja que los pequeños de la casa te ayuden a desgranarlos, será como un juego para ellos y luego se los comerán más a gusto.

Los guisantes contienen hidratos de carbono, proteínas, vitaminas del grupo B (ácido fólico) y C, y minerales como calcio, magnesio y potasio. Introdúcelos hacia los 10 meses, una vez a la semana añadiendo una cucharada sopera en el puré de verdura, y aumenta progresivamente su consumo. Para evitar perder sus nutrientes, procura cocinarlos lo menos posible. A partir del año puedes empezar a chafar los alimentos y no triturarlos. Unos guisantes con patata chafada y un chorrito de aceite de oliva resulta una buena opción para que tu bebé empiece a comer texturas diferentes a los purés. Los guisantes tienen un ligero sabor dulce que los niños aceptan muy bien.

Las habas tienen una piel más gruesa y se dejan para más adelante. Las llamadas habas baby son más pequeñas y más fáciles de comer para los niños. Cuando se comen frescas contienen los mismos nutrientes que los guisantes pero con menos cantidad de hidratos de carbono. Tómalas cocidas al vapor o hervidas y luego saltadas con jamón, o en menestra con otras verduras.

Las legumbres frescas se digieren mejor que las secas. Llevan menos fibra y no producen gases y distensión abdominal como puede ocurrir a veces con las lentejas, garbanzos y alubias. La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria recomienda comer de 2 a 4 raciones de legumbres a la semana. Como acompañamiento o como plato principal, combinan bien con cereales, verdura, pescado y carne.