Un año más los Reyes Magos pasaron y se nota no sólo por los regalos que nos han dejado, sino también porque los botes de caramelos siguen estando llenos varías semanas después de la cabalgata. Es uno de los momentos más emocionantes del año para los más pequeños de la casa y el resto de la familia se contagian de esa ilusión colaborando para recoger la mayor cantidad posible de caramelos, sin caer en la cuenta de la lucha diaria que vendrá después para controlar que no se los coman todos. ¿Cómo podemos reducir su consumo?

Caramelos, gominolas, dulces… se caracterizan por estar elaborados básicamente a partir de azúcares simples, gelatinas, grasas, colorantes y saborizantes. Esta composición les confiere un valor energético elevado con un bajo aporte en nutrientes.

Numerosos estudios han relacionado su consumo excesivo con un aumento del riesgo de enfermedades como la diabetes o la obesidad, y una mayor prevalencia de caries.

Otros problemas comunes relacionados con el consumo elevado de chuches en la infancia es que quitan el apetito disminuyendo las raciones de las comidas principales y desplazando las frutas y los lácteos del almuerzo y la merienda.

Por ello en la pirámide de la alimentación saludable, las golosinas y los dulces se encuentran en la zona más estrecha de la pirámide, indicando que se deben tomar en menores cantidades y de forma ocasional.

Algunas alternativas ante la insistencia del deseo de caramelos o dulces pueden ser diferentes combinaciones de frutas dulces y atractivas, zumos de frutas naturales, helados caseros, batidos y yogures.

Para educar a los niños en el control del consumo de golosinas y dulces y conseguir unos hábitos saludables, algunos consejos son: no ofrecer dulces como premio, no tener siempre chuches en casa y comprarlas solo en ocasiones especiales y no dar dinero a los niños para que vayan solos al quiosco. Es importante no prohibir, sino enseñar que no son tan necesarios como otros tipos de alimentos.

Pero no estamos solos ante esta tarea de educación. Con el objetivo de disminuir la creciente tasa de sobrepeso y obesidad infantil, desde el gobierno se ha aprobado la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición, que limita la venta en los colegios de alimentos ricos en azúcares, sal, grasas saturadas y trans, para conseguir que este tipo de productos no sea tan accesibles para los niños.