El sueño de los bebés está divido en fases igual que el de los adultos pero mientras que nosotros pasamos por cinco etapas mientras dormimos, los más pequeños solo pasan por dos. El sueño es un proceso evolutivo que irá adaptándose al crecimiento y cambios biológicos del niño.

Las personas adultas pasan por cinco fases del sueño que progresan cíclicamente durante unos 90 o 100 minutos. Una vez ha terminado un ciclo empieza el siguiente y así durante toda la noche. Las primeras cuatro fases se enmarcan dentro del sueño NO REM (sueño profundo y relajado) que tiene características diferentes; según avanzan las subetapas el sueño es cada vez más profundo. La quinta fase es la que se denomina fase REM o sueño de movimientos oculares, es la más activa y corta, el cerebro permanece alerta. Las diferentes etapas del sueño atienden a las necesidades propias del ser humano: las etapas de sueño ligero funcionan como despertadores que nos harán levantarnos cuando algo no funciona como debería o por simples necesidades fisiológicas.

Las fases del bebé

Los bebés, en cambio, tienen un patrón del sueño diferente. De las cinco fases solo pasan por dos: sueño REM primero y luego sueño profundo, que se irán repitiendo en ciclos de unos 50 o 60 minutos de duración. Pero al igual que en los adultos, las diferentes fases por las que pasan están directamente relacionadas con las propias necesidades humanas, en el caso de los recién nacidos principalmente la de alimentarse. Los bebés tienen el estómago pequeño y como al principio solo ingieren líquidos su digestión es muy rápida, así cada tres o cuatro horas necesitarán volver a comer.

Durante los tres primeros meses de vida, los bebés tendrán la necesidad de dormir unas 15 horas al día ya que como máximo duermen entre cuatro y cinco seguidas. Además, también se sabe que durante el sueño ocurre parte del desarrollo y maduración del cerebro, de ahí la necesidad de dormir casi el doble que una persona adulta.

Es importante que los niños aprendan a dormirse solos. Podemos cogerles y estar con ellos hasta que se relajen pero si se quedan dormidos en brazos de la madre o el padre, cada vez que se despierten necesitarán que les cojan para volverse a dormir. La clave es aprender a distinguir cuándo necesita comer y cuándo está haciendo ruiditos propios del sueño o del estado de semi-alerta. Es normal que cuando el niño se despierte en alguna de las fases llore un poco pero si en vez de cogerle de manera inmediata esperamos un ratito, tal vez vuelva a dormirse solo.

Otra práctica que cada vez se hace más cotidiana es el colecho. Esto consiste en el bebé comparta la cama con los padres. Como beneficios podríamos decir que la madre no tendrá que estar levantándose para darle el pecho al niño y que el bebé puede sentirse más seguro a la hora de dormir. También es bueno para regular la temperatura corporal del pequeño. Pero también tienen sus inconvenientes: dificultad de conciliar el sueño cuando los padres no están cerca y puede crear un alto grado de dependencia a largo plazo.

También es importante que el pequeño aprenda a distinguir entre el día y la noche para que los periodos de sueño nocturnos sean más largos. Durante el día, podemos poner la cuna en el comedor o en sitios donde haya luz. El ambiente tiene que ser tranquilo pero no tiene por qué estar en silencio total, así el niño podrá oír los ruidos propios del día. Por la noche el cuarto sí que debe estar oscuro y en silencio.

Entre los tres y los seis meses

A partir del tercer mes de vida, el ciclo nocturno del pequeño cambia y cae primero en la fase de sueño profundo aunque aún siguen sin estar definidas las cuatro sub-fases NO REM. A partir de los seis meses, el bebé empieza a adquirir el resto de fases y su ciclo nocturno empieza a ser como el de los adultos, lo que no implica que duerman del tirón toda la noche. Aproximadamente la mitad de los bebés tienen despertares nocturnos desde los seis a los 11 meses, que muchos mantienen hasta los tres años.