La fase con la que se inicia el parto suele ser la más larga. En ella tienen lugar las contracciones que van dilatando el cuello uterino para permitir al bebé salir al exterior.

El proceso de parto se puede estructurar en tres fases: dilatación, expulsivo y alumbramiento. De estas, la de dilatación suele ser la fase más larga, en la que tanto la madre como el bebé se preparan para la fase de expulsivo, en la que el bebé sale al mundo. ¿Qué ocurre en esta fase inicial del parto?

Todo empieza con el borramiento del útero: el cuello uterino se relaja y se acorta (pasa de ser una especie de cilindro a un anillo). Después de esto –aunque en algunas mujeres se produce de forma paralela–, el cuello del útero empieza a dilatarse a través de contracciones. Los primeros 4-5 centímetros suelen llevar más tiempo; a partir de estos empieza la dilatación activa, cuando ya puedes recibir la anestesia (epidural) si lo deseas,  y las contracciones se hacen más intensas. Se suele considerar que se alcanza la dilatación completa a los 10 centímetros.

Las contracciones son, de hecho, unas de las grandes protagonistas de esta fase. Son la primera señal que la madre recibe de que el proceso de parto se ha iniciado y se diferencian de otras contracciones que se puedan sentir a lo largo del embarazo en que las de parto son regulares, van aumentando progresivamente en su intensidad y tienen lugar entre la espalda y el bajo abdomen.

¿Cómo puedes favorecer la dilatación?

Hay muchas cosas que puedes hacer para favorecer que esta primera fase sea más llevadera y breve. Puedes y debes moverte, ducharte o beber agua, aunque no se aconseja tomar ningún alimento sólido.

Ejercicios como caminar ayudan al bebé a ir descendiendo y favorecer la dilatación. Además, favorece la circulación y ayuda a mantener la mente ocupada y resulta una mejor postura que estar sentada o tumbada para soportar las contracciones.

Junto a esto, puedes probar posturas que favorecen la dilatación: ponerte en cuclillas sujetándote con algún objeto o persona, sentarte a horcajadas en una silla o balancear la cadera colocada a cuatro patas. Y, durante todo el proceso, recuerda mantener una respiración rítmica y diafragmática para favorecer la oxigenación y relajación corporal.