No siempre es fácil iniciar e instaurar una lactancia con éxito, pero una vez se consigue, para muchas mujeres resulta complicado mantenerla cuando por distintos deben estar durante periodos prolongados de tiempo alejadas de sus bebés, como es el caso de la reincorporación a su puesto de trabajo tras la baja materna.

Debido a que la leche materna se produce a demanda, la eliminación de algunas de las tomas puede ocasionar que la cantidad de leche que se genere sea cada vez menor, por lo que una de las formas más sencillas de mantener la lactancia materna en estas circunstancias es mediante la extracción y posterior conservación de la leche materna, para que el lactante pueda consumirla en otro momento del día, o al cabo de varios días o semanas.

La elección del método de extracción dependerá de las circunstancias de la separación y de la edad del bebé. Es importante observar unas mínimas normas de higiene como el lavado de manos y de los utensilios que se usen para la extracción, la recolección y el almacenamiento de la leche. Una opción para la higienización de los envases es la utilización del lavavajillas.

La extracción puede hacerse de forma manual, o con la ayuda de un sacaleches (lo más frecuente). Los mejores sacaleches manuales son aquellos que imitan el efecto de una jeringa, o bien los que pueden utilizarse con una sola mano. Entre los sacaleches eléctricos y a pilas, los hay de extracción sencilla (un pecho cada vez) y doble (los dos pechos a la vez, lo cual disminuye el tiempo de extracción a la mitad).

Una vez extraída, la leche puede congelarse en envases de cristal (son los menos porosos y los que ofrecen mejor protección), de plástico duro transparente (policarbonato) o de plástico duro translúcido, o en bolsas especialmente diseñadas para el almacenamiento de leche materna. En cualquier caso, siempre deben ser envases destinados a uso alimentario.