Estimular a los niños desde que son muy pequeños es muy importante para su desarrollo psíquico y físico pero no hay que forzarles a que hagan cosas para las que aún no están preparados, debemos dejarles que vivan cada experiencia a su ritmo e irles motivando poco a poco en su proceso de aprendizaje.

Durante el primer año de vida los bebés son especialmente receptivos, su cerebro es como una esponja que va absorbiendo todas las sensaciones que le acompañarán el resto de su vida. A través de los juegos podemos fomentar su inteligencia y potenciar sus habilidades.

Los juegos son un complemento lúdico para su desarrollo que sirven para estimularles pero no debemos adelantarnos a sus necesidades ni pretender que aprendan a hacer cosas para las que aún no están preparados. Cada nueva actividad debe ir acorde con la edad y ser una experiencia divertida y placentera.

- Desde que nace hasta los seis meses: el recién nacido tiene poca movilidad y su relación con el mundo es a través de la vista, el oído y el tacto. La estimulación en un niño tan pequeño consiste en reforzar vínculos afectivos y en hacerle sentir acompañado, seguro y querido.

Lo primero que hay que hacer es ponerle en un ambiente vistoso y colorido. Le gustan las cosas llamativas así que los móviles que se cuelgan del techo le encantarán y le ayudarán a desarrollar la vista. Los sonajeros y otros juguetes que suenan también les gustan mucho y estimulan su sentido auditivo. Al principio no sabrá agarrarlos así que los agitaremos cerca de su cara para que los observe y que poco a poco intente alcanzarlos. Los peluches especiales para su edad, los muñecos blanditos y los mordedores de goma tampoco deben faltar.

Las caricias, las cosquillas suaves y los masajes son los mejores juegos en estos primeros meses. El bebé se sentirá seguro, querido y acompañado. Le encantará que le acunen y que le paseen en brazos por la casa. Un buen ejercicio es mecerle con movimientos amplios pero lentos para que vea la habitación desde varias perspectivas. También hay que cantarle y hablarle mucho para que nos sienta cerca e irle estimulando poco a poco en el desarrollo del lenguaje.

- Entre los seis y los doce meses: a partir de esta edad ya reconoce a personas y a sus juguetes favoritos. Los movimientos que hace ya son voluntarios y en poco tiempo aprenderá a sentarse solo, gatear y andar. También empezará a emitir sus primeros sonidos.

Durante estos meses le gustarán mucho las pelotas de todos los tamaños, y despacito podemos jugar con él a rodarlas y a pasárnoslas por el suelo. El escondite es muy divertido: mamá o papá se pueden esconder detrás de una pelota o un muñeco grande y de manera suave salir de detrás mientras el bebé observa atentamente. Le seguirán encantado los peluches suaves y blanditos y podrá empezar a usar cubos de colores para hacer torres. Los padres pueden entretenerle y sociabilizar usando marionetas de calcetín. Y hay que seguir con la música y la lectura de cuentos.

Al ir creciendo los juegos se pueden volver más activos. Podemos lanzarle al aire con cuidado, hacer la carretilla para ir fortaleciendo sus músculos y rodar juntos por el suelo. Los juegos tradicionales del “aserrín-aserrán”, “al trote al trote” o “el avión” ayudan a la musculatura y el equilibrio mientras disfruta la familia al completo. El momento del baño le permite experimentar con el agua y observar cómo flotan los muñecos.

Hay que ofrecerle una pequeña ayudita si se resiste a empezar con el gateo y lo mismo con andar, pero siempre sin forzar y de una manera divertida para que no se frustre. Una vez que aprenda debemos dejarle que se mueve por la casa a su aire, siempre bajo vigilancia, para que vaya reconociendo el entorno y se favorezca su autonomía.

- A partir del año: el niño ya es una personita mucho más independiente. Ya sabe andar y está aprendiendo sus primeras palabras. A partir de los 12 meses querrá estar todo el rato moviéndose y experimentando cosas nuevas.

Esta es la etapa de la estimulación del habla y del movimiento. Es muy bueno jugar con pelotas, poner obstáculos (almohadas o cojines) por el suelo para que los aprenda a saltar o esquivar y hacerle pequeños circuitos que debe seguir. Los juegos de toda la vida como el “pilla-pilla” y “el escondite” son perfectos para esta etapa.

Para estimularle a la hora de hablar debemos seguir con los cuentos, las canciones y las rimas. Podemos darle órdenes sencillas e ir contándole lo que vais a hacer juntos como comer, ir al parque o bañarse para desarrollar su comprensión.

A partir del año o año y medio ya puede ir empezando con las manualidades sencillas, los instrumentos más básicos (el triángulo o el xilófono) y los juegos de construcción indicados para su edad.

Conforme vayan pasando los meses iremos ampliando el repertorio de juegos, la dificultad de los cuentos y dándole un poquito más de independencia. Hay que recordar que no hay que dejar de motivar al bebé y de animarle para que vaya mejorando. Es bueno celebrar los pequeños avances y nunca hay que regañarle ni compararle con otros niños si su desarrollo es un poco más lento.