Hasta hace poco tiempo la imagen de un bebé sano era la de un niño gordito y hermoso, al menos hasta los 4-5 años cuando empiezan a “estirar”. Sin embargo, cada niño tiene una genética diferente y el estar delgado no tiene que implicar necesariamente que un niño esté mal alimentado. Antes de obligarle a comer a todas horas para que engorde, consulta con tu pediatra si su peso es normal.

Hasta los 2 años, la mayoría de bebés son gorditos, pero a partir de esta edad, al andar, correr y moverse más, sus cuerpos se estiran y algunos niños puedan estar más delgados de lo que a sus padres les gustaría. También en bebés de meses se puede dar esta situación, que puede causar gran preocupación a sus padres al pensar que su hijo no se está alimentando correctamente.

Sin embargo, antes de preocuparte tienes que tener en cuenta que no todos los bebés son iguales. Del mismo modo que unos son más altos, también hay niños delgados por naturaleza. Si a tu hijo se le notan las costillas, lo primero que debes hacer es preguntarte a ti mismo lo siguiente:

- ¿Está activo y feliz o por el contrario se pasa los días apagado y sentado en el suelo sin hacer nada? - ¿Se queja cuando llega la hora de la comida o come con ganas y contento lo que le pones en el plato?

Si tu hijo está contento y es muy activo no tienes que preocuparte. Puede que te parezca que come poco y que sus raciones son más pequeñas que las de otros niños, pero quizá es que tu hijo no necesita más. También puede pasar justo lo contrario, que tu hijo coma mucho pero no engorde y siempre esté muy delgado. En este caso, se trata de un niño que quema todo lo que consume, probablemente porque es muy inquieto y activo.

Sea como sea, el peso de un niño por sí solo no nos dice si está sano o no, hay que introducir esa variante entre otras muchas que el pediatra tendrá en cuenta en cada una de sus revisiones: la evolución de su percentil desde el nacimiento, la altura y el peso de sus padres, si padece alguna enfermedad… Según estos datos, será el pediatra el que determine si su alimentación es suficiente o no para él. Lo más importante no es que nuestro hijo pese más o menos, sino que su dieta sea completa y su crecimiento y desarrollo sean los adecuados.

Por eso, a no ser que el médico te indique lo contrario, no debes hacer que tu hijo coma más de lo que necesita. No le obligues a comer ni le llenes a todas horas. Tampoco debes adaptar su dieta a sus gustos para asegurarte de que come mucho. Si solo le gustan los macarrones y se los das todos los días, es probable que engorde, pero eso no hará, ni mucho menos, que esté más sano. Asegúrate de que su dieta es equilibrada y variada para evitar que de mayor sufra obesidad, colesterol u otras enfermedades.

Recuerda que el peso no es lo más importante, sino , y no te obsesiones con su comida.