Cuando hablamos de aguas de consumo, los organismos oficiales de Salud Pública y Pediatría recomiendan su esterilización para mejorar su calidad microbiológica y hacerlas aptas para que las puedan consumir los lactantes. Recordemos que el aparato digestivo e inmunitario de este colectivo está en proceso de maduración, y pueden afectarles diferentes elementos que los adultos y niños de mayor edad toleran perfectamente.

Entre estos organismos se encuentra la OMS (Organización Mundial de la Salud), quién pauta hervir el agua potable durante 1 minuto si nos encontramos a nivel de mar, y añadir 1 minuto por cada 1000 m de altitud.

De manera contraria, hay que tener también presente que si hervimos el agua durante periodos prolongados (más de 10 minutos) favorecemos la concentración de sodio y nitratos (incrementan su concentración 2,5 y 2,4 veces, respectivamente). Esto conlleva un aumento no sólo de la carga renal del biberón preparado, lo cual resulta inadecuado para los riñones del bebé que todavía están inmaduros, sino que además aumenta el riesgo de metahemoglobinemia.

Por otro lado, de forma popular, siempre se ha considerado que no es necesario hervir las aguas embotelladas ya que antes de su comercialización pasan por controles de calidad que aseguran un estado higiénico-sanitario correcto. En este caso, sólo es importante fijarse en que sea de mineralización baja. Hoy en día, casi todas las aguas señalan en sus envases si son aptas o no para preparar alimentos infantiles.

En la actualidad, diferentes Comités de Nutrición y Seguridad Alimentaria se están planteando recomendar, aunque no se llegue a hervir, calentar todas las aguas que se empleen para preparar biberones, sean embotelladas o de consumo, al menos hasta 70ºC. Con ello, se consigue una máxima higienización de las leches infantiles y aumentar su seguridad, manteniendo su calidad nutricional.

En cualquier caso, pregunta a tu pediatra cual es su recomendación, dependiendo de su experiencia y de la composición de las aguas embotelladas y potables más habituales en tu lugar de residencia.

Eso sí, cuando tu bebé empiece a gatear, ya no es estrictamente necesario que hiervas el agua de preparación de sus biberones pues no podrás evitar que tu pequeño se lleve a la boca todo lo que encuentre a su alcance.