Entre los 9 y 10 meses, cuando el bebé ya tiene experiencia en el consumo de proteínas (pues a partir del medio año se debe introducir el consumo de carnes magras en su dieta), es la edad ideal para introducir el pescado en la dieta infantil. Este, además de ser una fuente proteica equivalente a la carne, aportará cantidad de minerales como calcio, yodo, fósforo y hierro.

Pero, ¿Con qué pescado empezar?, ¿Cómo dárselo?...

Las especies de pescado que se introducirán primero en la dieta del bebé, deben ser (al igual que pasa con el inicio al consumo de carne de tipo magro, es decir, pescado blanco. El motivo de esta elección es porque el pescado blanco contiene menos grasa que el pescado azul y por tanto será más fácil de digerir por parte del bebé. Así pues podemos empezar con merluza, rape o lenguado, que son de las especies de este tipo más fáciles de encontrar en mercados y pescaderías.

Para más información sobre las características nutricionales del pescado, puedes consultar nuestro post: ¿Qué sabes del pescado?.

La introducción de estos pescaditos será progresiva, separando unos 10 a 15 días la introducción de alimentos nuevos (en esta época de diversificación alimentaria también se inicia el consumo de yema de huevo y derivados de la leche) para ver como los acepta el bebé.

Respecto a la cantidad y modo de preparación, se recomienda empezar añadiendo cantidades pequeñas, unos 30-40 gramos (un cuarto de filete)de pescado blanco (fresco o congelado) cocido al puré de verduras, del mismo modo y alternando con los purés de verdura y carne. Alrededor del primer año, esta cantidad se puede aumentar hasta 60-80 gramos (medio filete).

Según estudios recientes, el pescado blanco (y más en concreto la merluza) se ha relacionado con beneficios en salud cardiovascular y reducción del colesterol, de modo parecido a los beneficios que ya se conocían del consumo de pescado azul. En este estudio, el pescado elegido para estudiar sus beneficios, fue la merluza.