Ocasionada por excesiva pérdida de líquidos, sus causas suelen estar en diarreas o vómitos graves. La mejor forma de evitarla es beber agua con frecuencia.

La deshidratación, en sentido estricto, conlleva una gran pérdida de líquidos que no se reponen. Aunque puede parecer algo común, lo cierto es que no lo es. Cuando se produce suele ser debido a un cuadro de vómitos o diarrea continuados en los que se pierden muchos líquidos y electrolitos. En raras ocasiones la sudoración es responsable de una deshidratación. 

Así, en los casos en los que pueda existir un peligro de deshidratación, como los anteriormente mencionados, la mejor manera de evitar la deshidratación es asegurarnos de que estamos reponiendo el agua y líquidos que se están perdiendo. Lo mejor siempre es la prevención y hoy en día contamos con sueros o sales de rehidratación especialmente formuladas para lactantes y niños de corta edad. Es importante estar atentos y alertas y acudir al médico si notamos que el bebé muestra síntomas de irritabilidad, labios secos o está decaído. 

¿Cuánta agua y a partir de cuándo?

Hasta los seis meses, los bebés en principio no necesitan beber agua puesto que su alimentación es prácticamente líquida. Su aporte de líquidos les viene a través de la lactancia y hay que considerar que no conviene llenar de agua sus pequeños estómagos sin dejar espacio para el resto de nutrientes. Sí empieza a ser necesaria cuando los niños comienzan la alimentación complementaria con la introducción de alimentos semsiólidos en su dieta. Entonces, lo mejor es que le vayas ofreciendo liquidos (agua, zumos naturales, leche, infusiones...)de vez en cuando y él beba cuando quiera.