El crecimiento y desarrollo de los hijos es una preocupación constante de los padres que con demasiada frecuencia comparan con compañeros de la misma edad más altos o más bajos. Y es que hay una gran variabilidad entre niños o niñas de la misma edad y sexo en cuanto al crecimiento. Por ello las curvas de crecimiento son de gran utilidad para hacer un seguimiento del niño a lo largo del tiempo y ver como evoluciona.

El crecimiento comporta un aumento progresivo del peso corporal y la altura, condicionado por factores genéticos, factores neurológicos y hormonales, la alimentación, el metabolismo celular, las horas de sueño, el ejercicio físico, el estado de salud, el sexo y factores ambientales. A partir de los 3 años el crecimiento se estabiliza, no es tan rápido como en la etapa anterior, y vuelve a acelerarse en la pubertad, cuando se inicia el desarrollo sexual.

Las curvas de crecimiento sirven para valorar en un momento concreto la situación de un niño o niña, comparándolo con la población general de su edad y sexo, y también permiten realizar el seguimiento del crecimiento del niño a lo largo de su infancia y adolescencia. Los controles más habituales son de peso y altura, hay curvas de peso y talla para niños y para niñas, de 0 a 2 años y de 2 a 18 años.

Los valores obtenidos se comparan con unas gráficas diseñadas a partir de medidas hechas en la población infantil sana. Las líneas centrales de la curva, marcadas con más grosor, corresponden a pesos y alturas medias. El percentil 50 indica el valor medio y los límites del rango de variación normal están entre los percentiles 3 (por debajo de esta línea se encuentra aproximadamente el 3% de la población) y 97 (por encima de esta línea se encuentra únicamente el 3% de la población).

Para utilizar las curvas de crecimiento hay que situar en las líneas horizontales la edad del niño o niña y hacerla coincidir verticalmente con su peso y altura.

La situación ideal es que tanto peso como altura es encuentren en el mismo percentil.