Los movimientos del útero empiezan a notarse en el ecuador del embarazo, de forma puntual y no dolorosa. Entre los distintos tipos de contracciones que se pueden dar, conviene distinguir las que avisan que el parto se acerca.

Las contracciones se ocasionan como respuesta a algún tipo de actividad o movimiento en el útero. Y es que este músculo empieza a prepararse para el trabajo que supondrá el parto a partir de la sexta semana de embarazo sin que a veces sea perceptible para la madre hasta, más o menos, la mitad del embarazo.

Además de las contracciones de parto, conviene distinguir otros tres tipos que no indican la proximidad del alumbramiento:

-    Focales: normalmente después de algún movimiento del bebé.

-    Generalizadas: pueden también deberse a movimientos del bebé, cambios de posición (como sentarse después de haber estado acostada) o irritación uterina por tener la vejiga ocupada o tener congestión intestinal.

-    De Braxton Hicks: empiezan entre el quinto y sexto mes y no son dolorosas. Se siente una tensión abdominal que dura entre medio y un minuto.

Cómo distinguir las contracciones de parto

Las contracciones que indican que el útero está preparándose para dar a luz al bebé son regulares, muy seguidas en el tiempo, de 30 a 70 segundos, cada vez más intensas y con un dolor que empieza en la espalda y el bajo abdomen y no remite al cambiar de posición o andar.

Estas contracciones se reparten en tres fases: latente, activa y de transición. La latente es la más larga y menos intensa; las contracciones empiezan a ser regulares y la molestia es mínima. En la fase activa las contracciones se vuelven más intensas y frecuentes; el cuello del útero se dilata en esta fase de 4 a 7 centímetros. Por último, en la fase de transición, la dilatación llega a los 10 centímetros, las contracciones, intensas, duran entre 1 y 2 minutos y se presentan cada pocos minutos.

Cómo sobrellevarlas

A medida que su intensidad aumenta, conviene que conozcas algunas posturas y técnicas que te ayudarán a aliviar el dolor momentáneo que sentirás. No obstante, recuerda que tendrás descansos entre una y otra en los que reponerte.

Posiciones que te ayuden a no cargar las piernas y la espalda te ayudarán a aliviar las contracciones. Puedes inclinarte sobre la cama, ponerte en cuclillas (aumentado el diámetro de la pelvis), sentarte sobre una pelota de pilates, ponerte de rodillas con un almohadón debajo…

Centrarte en tu respiración, en inspirar lentamente, aguantar el aire y expulsarlo lentamente, contando los segundos que empleas en cada paso (unos 4-5 está bien) resulta también de mucha ayuda. Y, sobre todo, recuerda, con cada contracción tu bebé está más cerca de salir al mundo.