Esta prueba prenatal no rutinaria se suele realizar en las últimas semanas de embarazo. Permite ver y analizar el estado del líquido amniótico que envuelve al bebé en el útero. 

La Amnioscopia es una prueba que se realiza durante el último trimestre de embarazo y que tiene por objetivo analizar la cantidad y el color del líquido amniótico en el que reside el bebé en el saco amniótico. 

Esta prueba prenatal se realiza a través de la vagina, con un fino tubo -llamado amnioscopio- con el que se observa el líquido amniótico. Así, permite ver el color del líquido, que debe ser transparente. También deja ver si hay presencia de meconio -las primeras heces del bebé- dentro del saco amniótico. El meconio es habitualmente expulsado en las primeras 48 horas después de nacer, pero a veces es echado aún en el útero, con riesgo de que el bebé lo pueda aspirar. 

No se trata de una prueba rutinaria para todas las mujeres embarazadas. Generalmente se realiza alrededor de la semana 36 en mujeres en las que lo haya considerado necesario su médico. Es en este periodo del embarazo cuando el cuello del útero empieza a estar más reblandecido y dilatado, anticipándose para el parto. De esta forma, resulta más sencillo y menos invasivo introducir el pequeño tubo con el que se debe analizar el aspecto del líquido amniótico.

La prueba no resulta dolorosa, aunque sí puede generar alguna molestia cuando se introduce el amnioscopio. Suele ser una prueba rápida, que dura menos de media hora, y que entraña un riesgo bajo de ruptura de la membrana de la placenta.