Tener una buena autoestima es vital para el bienestar social y propio. A veces presiones externas hacen mella en el valor que tu hijo se da a sí mismo, pero tú puedes trabajar con él para reforzarla y enseñarle a quererse y respetarla.

Como principal referente de nuestros hijos, los padres tenemos un importante papel en enseñar a nuestros hijos a llevar una relación sana consigo mismos. Este es un trabajo que nunca termina y que siempre resulta positivo.

La autoestima podría definirse como la valoración que se tiene de uno mismo. Tiene implicaciones en el aprendizaje de los niños, en una mayor tolerancia de las frustraciones y en adecuadas relaciones con su entorno, y no debe confundirse con el ego. Fomentarla no se basa en dar la idea a nuestros hijos de que son estupendos hagan lo que hagan, sino en enseñarles que tú les quieres con sus virtudes y defectos. 

Para esto, debes desprenderte de expectativas con tu pequeño. Deja que sea él o ella quien marque cómo es y tú acompáñale en ese proceso de descubrirse a sí mismo. Sin sentir la presión de no ser “como tus padres quieren que seas”. Para esto la comunicación es básica. Busca momentos para hablar con tu hijo; cuando esté con sus juguetes puedes acercarte a él, podéis ir a dar un paseo juntos…

Otra pauta que puedes seguir para reforzar su amor propio es no centrarte en sus fallos o errores y enseñarle a seguir trabajando ayudándole a corregirlos. En este sentido, elogiar sus avances, por pequeños que sean, le animará a creerse capaz. Evita también compararle con sus hermanos, primos o amigos. Cada persona es distinta y sólo debe medir su progreso respecto a sí mismo. Además, motívale a hacer cosas nuevas y muéstrale siempre tu afecto, ya sea de forma física o verbal.