La educación emocional es clave para que nuestros hijos sean felices y tengan éxito tanto en el colegio como en el trabajo ya que implica la capacidad de saber relacionarse con los demás en un mundo social como el que vivimos. Afortunadamente, es una habilidad que se puede aprender y desarrollar.

Desde hace unos años cada vez se da más importancia a la inteligencia emocional ya que se ha demostrado que tener un coeficiente intelectual alto muchas veces es menos importante que tener una gran inteligencia emocional. Y es que al fin y al cabo no vivimos aislados en nuestro mundo, sino que todo lo que hacemos se produce por medio de relaciones con otras personas: la familia, los compañeros, los amigos… Y, el tener una buena inteligencia emocional, nos permite mantener unas relaciones exitosas, lo que favorecerá nuestra felicidad y éxito al ayudarnos a hacer amigos, encontrar trabajo, tener pareja, etc.

Si un niño tiene deficiencias emocionales, es posible que su desarrollo afectivo se vea resentido. Hay que estar atento ante los niños tristes, agresivos o ansiosos porque se pueden convertir en adultos inseguros y desconfiados.

Y el primer sitio donde los niños aprenden educación emocional es la familia, por lo que es fundamental que los padres estemos preparados para enseñar a nuestros hijos a cultivar y controlar sus emociones:

  1. Los niños aprenden por imitación, por lo que todo aquello que quieras transmitirle tendrás que llevarlo tú también a cabo.
  2. Hay que enseñar al niño a reconocer emociones y saber nombrarlas, tanto las propias como las ajenas. Por ello, es fundamental enseñarle empatía.
  3. La comunicación es la clave de la educación emocional. Debes escucharle siempre que te cuente algo (aunque te parezca algo sin importancia) y enseñarle a escuchar a los demás.
  4. No hay sentimientos buenos o malos, sino una forma correcta o no de gestionarlos. Por ejemplo, es normal enfadarse en algunas ocasiones, pero no estallar de ira. Ante un enfado, hay que saber buscar una solución.
  5. Debes fomentar la seguridad y la confianza de tu hijo marcando unos límites claros en su vida, otorgándole tareas de responsabilidad adecuadas a su edad y maduración y no sobreprotegiéndole. Los niños tienen que aprender a tolerar la frustración.
  6. Debes pasar mucho tiempo con tu hijo y darle muestras de cariño constantes para que se sienta querido y valorado.
  7. Motívale para que aprenda a solucionar solo sus propios conflictos.
  8. Reconoce y valora sus esfuerzos y avances.
  9. Enséñale a respetar a los demás y a ser tolerante con todas las opiniones y creencias.

 

 

 

Fuente:

- Álava, Silvia (2015), Queremos que crezcan felices, Madrid, Actitud de Comunicación.